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viernes, 4 de marzo de 2011

Los sociólogos también lloran


Por Jorge Bravo

La teleserie nocturna “40 y tantos”, ha puesto en pantalla  por primera vez  a  mi profesión, haciéndola protagonista (tres sociólogos y una estudiante). No es un hecho menor, si se considera  que es una producción comunicacional de las principales elaboraciones de la industria televisiva nacional y  que capítulo a capítulo han mantenido una audiencia del 20%.  De existir el Colegio de Sociólogos- hoy inexistente- de seguro habría realizado un pronunciamiento al respecto, o quizás para estar más tono un seminario. Es sabido que  ha  aumentado el interés de los jóvenes por estudiar esta  disciplina en virtud de la ampliación del campo ocupacional, ya no solo asociado a las aulas universitarias, al estado y las municipalidades, sino que ha llegado para quedarse en el mundo empresarial, lo que sin duda es el punto de partida que llevó a elegir a esta profesión  para un rol estelar.  

No deja de llamar la atención, que la otrora carrera que entregaba las herramientas conceptuales para derribar el capitalismo, cambiar el sistema de raíz ,y desde sus cimientos avizorar una nueva sociedad, sea utilizada en la trama de la telenovela, como  una disciplina que entrega las herramientas para limpiar la imagen  de los poderosos,  los que viven de mantener la apariencia de probos, de representar el papel que dice “que la mujer del “César no solo debe serlo, sino que parecerlo”, pero la debilidad humana, los consume y el dinero no solo esta para dar poder sino, para que  “otros” ayuden a superar las engorrosas situaciones, que pudieran poner en riesgo la reputación personal y la de sus negocios. Así,   la trama de la teleserie va dejando un legado que de seguro debiéramos agradecer los sociólogos; aclarar para que sirve, que hace un sociólogo, no es un dilema menor, el grupo Facebook “No quiero explicar qué cresta hace un SOCIÓLOGO y en qué trabaja” tiene nada menos 3.806.adherentes. Por ende, pasado ya más de 50  años, que se comenzó a impartir la carrera en Chile, el grueso de la población estaba desinformada respecto a la utilidad de ella, y su campo ocupacional, particularmente en los años de la dictadura, en cuales se creía que no se impartía en el país, lo que era casi cierto, pues con interrupciones solo se podía ingresar en la Universidad de Chile.

Detengamos un poco más en el perfil del sociólogo que entrega los Cuarentas y Tantos. En primer término, el protagonista Diego Elizande, es un hombre de fortuna, en parte por haberla heredado de su padre, así como también obtuvo de él, su manera de entender la vida. Sus habilidades gerenciales y patronales más parecen provenir de su condición social, pero las combina con mucha capacidad de anticipación y de construcción de escenarios, los cuales podrían provenir de su formación académica, Gaspar  Mellado una suerte de antagonista, es representativo del académico, muchas escenas lo presentan con un libro en la mano, y la biblioteca ocupa un lugar central en su departamento, (ni en la casa de Diego, ni en su oficina hay presencia de ningún libro). Su mujer, la joven estudiante más bien se identifica con el modelo de su pareja, que de su padre, pues le interesa desarrollar ayudantías y la carrera académica, y finalmente para que no se diga que la disciplina esta exenta de enfrentar líos de falda. El novel profesor de Sociología Benjamin Izquierdo, lucha con sagaces armas  para humillar y destruir a su antiguo profesor Mellado. Como podría escribir un destacado Sociólogo,  el mundo de la vida atrajo hacia  si  esa ciencia social de la que tanto desconfió.  

lunes, 21 de febrero de 2011

Diagnóstico, el inicio de la solución


Por Mariluz Soto Hormazábal

El diagnóstico es esencial para buscar las soluciones, para definir las acciones necesarias. Es el inicio del camino a las soluciones.

Frente a un problema, la confianza es depositada en la experiencia de los profesionales.  En la medicina se relata al médico todos los síntomas y en conjunto con los exámenes pertinentes se espera que los años de práctica o su capacidad de análisis y asociaciones se vea reflejado en un diagnóstico acertado. En la comunicación, una organización, una comuna, región o un país también espera al exponer todos los factores e indicadores, que se realicen las acciones y búsquedas necesarias para obtener el primer acercamiento a la solución . En los dos casos, el centro son las personas.

Es posible imaginar un problema como una serie de síntomas e indicadores que van aumentando según el tiempo o hechos que transcurren, cada uno de estos es un nivel que indica la intensidad y profundidad. Como en la medicina, también en la comunicación mientras más avanzado esté el problema más grave se torna la situación, más complejo el análisis y las opciones de mejora.

El “paciente”, vuelca todo, cabeza, corazón y cuerpo en entregar la información, dar todas las pistas necesarias para contextualizar al experto en el problema o cadena de situaciones.  La responsabilidad está en captar y buscar toda la información y definir las acciones, a través de escucha y observación estratégica, análisis y asociaciones que permitan entender al “paciente” y sus interpretaciones de los determinados estímulos, y también, a la capacidad de comprender cada palabra, gesto y movimiento como acciones complementarias, generando una visión global y panorámica. Todos los fragmentos desordenados y separados del puzle son tomados y generan una gran pieza: el diagnostico.

A partir del diagnóstico, se genera  un tiempo y espacio de soluciones y acciones determinadas y coordinadas transformadas en un esqueleto invisible que configura a las personas y genera los escenarios óptimos para el camino de las soluciones y mejoras.

jueves, 3 de febrero de 2011

La TV y sus (en)claves 2



Por Luis Breull / @luisbreull 

Fácil, repetida, efectista. Esta segunda entrega de “La TV y sus (en)claves” es sobre el magreado y despótico metagénero de contenidos llamado entretención.

Suele ser considerado expresión de chabacanería, mal gusto, banalidad y -al mismo tiempo- magistral sincretismo de lo que se conoce como cultura pop. Ese marco que  deviene en usos de tiempo ocioso frente a una pantalla vinculante para los miembros de la sociedad individualista de masas (tan bien descrita por Dominique Wolton).

La entretención televisiva se ha consolidado en las últimas décadas como un mecanismo dinámico de autoidentidad, excluyente respecto de lo que se conoce como la oferta cultural de élite que está cada vez más distanciada del ocio masivo urbano. Ese símil a la canalla que denostaba Domingo Santa María a fines del siglo XIX y que bien retrató Alejandro Venegas en sus crónicas del centenario. La misma que hoy se alimenta gratis y pasivamente desde la TV con cuanto formato se oriente a copar sus franjas horarias.

Conceptualizar la entretención masiva en TV no acepta maniqueísmos ni condenar a priori a la industria y sus consumidores preferenciales. Es infinitamente más complejo. Requiere mirar cómo se distribuyen los recursos socioculturales necesarios para poder acceder a contenidos complejos o con mayores grados de significación. Y también los atributos narrativos que son pertinentes a la comunicación televisiva generalista.

Por eso no es de extrañarse que en la TV abierta -no en la de pago- los documentales, debates políticos o las conversaciones y entrevistas sobre arte y cultura ocupen espacios como los domingos en la mañana -lo que en Estados Unidos se conoce como el horario basurero- o en sus tardes, renunciando a los días y los segmentos más masivos en las parrillas programáticas (que privilegiarán la emocionalidad, el drama y los componentes lúdicos o de humor).

Facilismo.

Interpelar a los públicos desde la entretención masiva es un recurso simple y directo, no exento de un esfuerzo creativo, pero que no tolera complejidades. Se buscan resultados inmediatos y el riesgo suele suplirse con la carencia de matices en la oferta (selección y disposición de contenidos). A menores apuestas innovadoras baja la posibilidad de fracasar, en proporción directa también a la construcción de un hábito de visionado o una alianza de largo plazo público-medio.

Ejemplos de este atributo hay muchos. Los franjeos horarios de magazines matinales de lunes a viernes, programas de conversación/farándula al mediodía, mix de telenovelas nacionales/extranjeras en la tarde (segmento que se conoce también como el “descanso de la guerrera”, en donde la dueña de casa se libera de las tensiones domésticas de aseo y almuerzo y se relaja apropiándose del control remoto). Programas juveniles y ficciones nacionales vespertinas, noticias a las 21 horas, más ficción y mix de formatos de entretención en el prime time.

Las parrillas se asemejan, mientras los enganches de los programas se reducen a la explotación del humor, el crimen, la exhibición de la intimidad y el voyerismo morboso. Todo en un tono facilista y sin matices. Mostrar, exhibir la vida privada de las clases bajas o de personajes controvertidos/en crisis, transformar la pantalla en una ventana que permita su existencia social mediatizada. Un reduccionismo clasista que, visto desde la industria es acompañar y representar a los públicos, ser sus aliados y sus “parientes famosos”, sus salvadores y amigos del relajo.

Repetición

El problema de esta forma de hacer TV es la homologación de las ofertas y la circularidad de sus contenidos. Como ejemplo, la ola de programas estelares de talentos que nos esperan este 2011, acompañados por el éxito reciente de CHV en ese marco y que regresará con una segunda temporada. Mega y Canal 13 buscarán “los dobles de…”, TVN a la mejor banda o solista de música.

Como los encendidos de la TV abierta van en descenso, cada canal tiende a afirmar su propia parrilla en los espacios de conversación en vivo, en sus magazines o en sus noticieros. Es necesario llamar la atención con los programas que se tiene. Se comentan y repiten fragmentos de sus espacios hasta el exceso. El objetivo: la hipervisibilidad. Su consecuencia: la inflación de contenidos, autopromociones que califican todo como espectacular y marketing disfrazado de noticias.

Efectismo

La última característica de este análisis es la compulsión por conmocionar al telespectador con sobregiros guionizados y promesas de rupturas de límites que no son tales; que no comprometen situaciones sociales, culturales o valóricas de fondo (como podría ser la exhibición de sexo en vivo en un reality, la confrontación de temáticas controvertidas sobre los derechos civiles de los homosexuales o legitimar abiertamente la prostitución o el matrimonio de personas del mismo género).

Se cae en constantes simulacros o guiños que escalan en intensidad, pero que sucumben en su propia narrativa para provocar desde el drama y las denuncias hasta la telerrealidad. No siempre se consigue, pese a la destrucción de intimidades en la farándula de los famoseados  al empeño por denigrar a las personas o usarlas como conejillos de indias de zoológicos experimentales, como en el caso de “Año 0” (orina mediante y mandato de producir programas a menor costo, bajando sueldos y achicando sus plantas).

Sin duda la entretención de la pantalla abierta no sólo cruza estos atributos negativos. Hay aportes que permiten reforzar lazos identitarios y comprender aspectos de la realidad que, de no existir, sería muy difícil de obtener gratuitamente en una escala tan masiva. Pero eso será materia de otro post.


miércoles, 2 de febrero de 2011

TV y sus (en)claves 1



Por Luis Breull / @luisbreull 


¿De qué hablamos hoy cuando ‘hablamos de TV’?

La primera regla es comprender que no existen ‘normas’ sino puntos de vista diversos. Ya no hay verdades absolutas ni juicios categóricos para evaluar las pantallas.

Denis McQuail plantea dos grandes prismas de sentido en esta industria: entenderla desde la lógica e intereses de los medios o bien desde la sociedad. Simple y directo: quien forma parte de la gestión medial mirará su quehacer condicionado por su sesgo, sus prioridades, sus metas, sus urgencias y públicos objetivos. Quien está fuera de la industria, no; lo hará con múltiples focos socioculturales descentrados, cuyos prejuicios, visiones fragmentarias y valoraciones dependerán de estos, así como de la atención que los medios presten a sus demandas particulares.

El ejercicio se complica más si establecemos parámetros culturales de comparación del aporte de los medios en la sociedad (modas, corrientes de debate, temas emergentes, nuevos lenguajes), versus factores materiales en las estrategias de producción de contenidos (aspectos técnico-legales, económicos, estructurales, de inversión/rentabilidad y de tamaño de mercados).

Hablar de TV es entonces -al menos- cuadrar miradas que, desde lo material y cultural, armonicen las demandas y expectativas de generación de comunicación e intercambio de contenidos entre la industria medial y la sociedad.

¿Entonces por qué resulta tan complejo enjuiciar de modo consensuado el rol y los contenidos de la TV? Porque implica no sólo evaluar qué se emite (la generación de la oferta desde las posibilidades de hacer de cada canal de acuerdo a su tamaño en la industria), sino cómo y para quién se emite (el estudio de la recepción cruzado por factores socioculturales) y con qué fin. No es lo mismo responder esto siendo un canal pequeño, que uno líder en audiencias o en utilidades; tampoco si su programación responde a un nicho en el segmento de pago, que si su imperativo es la masividad en el entorno de la libre recepción.

Lo interesante de este dilema es comprender si se pueden establecer mecanismos, segmentos y contenidos preferentes que den cuenta de las necesidades transversales de los públicos hoy (consumidores privados o públicos, solitarios o acompañados, pasivos o interactivos, en el hogar o fuera de él). Una de ellas es la mantención del vínculo social con la comunidad, la reproducción de factores identitarios que permitan mantener la cohesión social en un entorno cada vez más abierto y permeable a dinámicas culturales extraterritoriales. Es decir, qué de la televisión que consumimos habla de “nosotros” o en cuáles de esos contenidos nos sentimos más involucrados e identificados colectivamente.


El revival de las TV News

Los noticiarios en TV -como género factual- están siendo redefinidos de acuerdo a parámetros que escapan a la clásica función informativa de hechos relevantes.

Omar Rincón -investigador colombiano- cree que priman nuevas condicionantes de escenario bajo las reglas del espectáculo, tales como: la temporalidad narrada en presente y en forma continua (sin pasado ni futuro), un proceso constante de seducción narrativa mediante la reiteración de temáticas cercanas y autorreferentes (que acompaña la visibilización de segmentos populares), y el establecimiento de un vínculo con los públicos donde lo que importa no es tanto significar sino mantener el contacto y evitar el zapping (la relevancia es suplida por el permanente estímulo de lo interesante).

Se impone un decálogo común con otros géneros (ficción y realities): no ser aburridos ni densos, sino entretenidos, pese a lo difícil que serlo todo el tiempo. De modo inverso, los temas y relatos complejos/inteligentes tienden a ceder espacio. La reflexión exige tiempos y disposiciones que en TV y en la vida cotidiana son cada vez más escasos. Los contenidos sexuales, hedonistas, de consumo, junto con el tiempo libre, el deporte y el crimen copan la mayoría de los segmentos informativos.

Los periodistas sustituyeron las seis interrogantes clásicas del periodismo informativo (qué, quién, cuándo, dónde, cómo y por qué) por la narración de historias que tienen por fin contar la vida, visibilizar experiencias comunes, vivenciar la realidad, poner en duda las grandes verdades y hacer alarde de nuevos guiños técnico-narrativos. La hibridación de géneros en la construcción de historias y no sólo la reproducción de datos. Además, la exaltación de personajes paradigmáticos que encarnen todos los ejes de interés de los públicos dentro de una noticia y en los códigos que ellos son capaces de entender.

Nace un nuevo obrero del lenguaje que se esclaviza ante las destrezas de los públicos disponibles hoy en TV abierta (no ilustrados, pasivos, viejos y encerrados). Un jornalero cuya condena desde los no públicos -los fugados a otras plataformas o los disconformes desde las redes sociales- es asumir a priori que no todo se puede narrar en los nuevos códigos del infoespectáculo. Y precisamente es en la realidad más dura -desde las políticas públicas, los índices evolutivos, los estados de situación técnico/legales, los debates valóricos/políticos/ideológicos y la evaluación informada del accionar de las autoridades, más la actualidad internacional- donde se juega el entendimiento primario y el sentido final de los cambios sociales que condicionan nuestra vida cotidiana e hipotecan nuestro futuro.

Entonces, ¿por qué renunciar a ser diestros también en narrar estos contenidos más complejos?

jueves, 27 de enero de 2011

El color del cristal y los ojos que miran


Por Andrés Rojo Torrealba

Es bien sabido que las cosas varían de acuerdo al color del cristal con el que se las mira, pero se presta menos atención al hecho de que, además del cristal que hace de filtro, la opinión sobre las cosas se modifica según la mirada que se ponga sobre ellas.  Y como es imposible que cada persona pueda ver por sus propios ojos lo que sucede aun en su propia sociedad, es inevitable que dependa de los medios de comunicación para poder mirar.

Los medios de comunicación son, como lo dice su nombre, una herramienta para comunicar a la gente con su entorno, son un nexo pero al mismo tiempo carecen de neutralidad ya desde el momento en que hacen una selección de las informaciones disponibles para entregar; son intermediarios y al realizar esa labor de intermediación se interponen entre el observador y lo observado.

Esta situación que no es de responsabilidad de cada medio sino consecuencia directa de su pura existencia no es solamente asimilable al color del cristal con el que se mira, sino que trasciende esa condición para ser directamente los ojos que miran, desde el lugar de la mente de cada una de las personas que compone el público.  Por eso es que no es vano conocer qué hay detrás de cada medio de comunicación y educar a la opinión pública para que, al momento de exponerse a los contenidos que se le ofrecen, sepa restar el filtro propio del medio de su propia capacidad de discernimiento y logre un mayor acercamiento a la realidad.

Un ejemplo: Mi hija de siete años me declaró que estaba agotada de las campañas publicitarias de la Teletón. Por el solo afán de comparar mi experiencia personal con la suya, descubrí que la Teletón se ha realizado en 22 oportunidades a lo largo de 32 años, y que en 1985 incluso se habló de que sería la última porque no se requerirían más fondos.

No es de buen gusto criticar esta iniciativa, pero no deja de llamar la atención la cantidad de espacio que se le destina a esta campaña en contraposición a la escasa cobertura que se da, por ejemplo, a lo que está ocurriendo en Isla de Pascua.   Hay que recordar que los mapuches presos tuvieron que extender su huelga de hambre por más de dos meses porque al término del primer mes de su protesta no se había escrito ni una sola palabra sobre su situación.

Los damnificados del terremoto o las víctimas de la inescrupulosidad de algunas empresas constructoras también se ven obligados a salir a la calle para que recién se les escuche, que es apenas el primer paso para lograr soluciones a sus problemas. La señal entonces es que hay que arrojarle la realidad a los ojos de los medios de comunicación para que el público se entere de lo que pasa, lo que siempre es un riesgo para la estabilidad política y social.

martes, 18 de enero de 2011

Comunicación de gobierno: prisioneros del éxito

Por Mauricio Tolosa Twitter: @mautolosa

“La experiencia no es lo que te sucede, sino lo que haces con lo que te sucede”.
Aldous Huxley"

Sacando las lecciones equivocadas
Además de la caída de un gabinete y la amenaza de aplicación de la Ley de Seguridad Interior del Estado, de connotaciones simbólicas y jurídicas desastrosas para el proyecto “Nueva derecha”, el conflicto de Magallanes provocó un daño profundo a la imagen presidencial, que se cristaliza como distante y errática, como cuando el presidente Piñera señaló a propósito del gas de Magallanes que no quería que siga la misma suerte del “salitre que se acabó en el Siglo XIX”, (estos frecuentes lapsus presidenciales son denominados piñericosas en las redes sociales). Más grave es la consolidación de la falta de credibilidad como atributo presidencial negativo: los medios repitieron abundantemente el discurso presidencial donde promete, en actitud comprensiva y empática, que no subiría el precio del gas residencial a los magallánicos. Es predecible el impacto negativo en las próximas encuestas, más aún considerando que la aprobación presidencial venía a la baja, y el rechazo, al alza.
 Para muchos observadores, especialmente los que siguen el acontecer de Chile desde otros países, -que se incrementaron notoriamente después de la epopeya de los 33-, el desastroso manejo de esta crisis es bastante incomprensible. ¿Cómo, ese gobierno capaz de montar una operación técnicamente impecable y comunicacionalmente sorprendente,  que dejó a Chile tan bien posicionado a nivel internacional, al poco tiempo, comete errores de novato en política comunicacional?
Paradojalmente, es probable que la explicación esté en el “historial de éxitos” del equipo presidencial. El impacto y admiración mundial del rescate puede haber conducido a conclusiones y lecciones equivocadas a un equipo que ha conocido grandes éxitos empresariales, donde la lógica de separar lo comunicacional y lo técnico funciona con costos menores que en el mundo público. Eso explica las declaraciones de La Moneda a El Mercurio quejándose de que “sus soluciones son técnicamente impecables”, pero que “no las han sabido presentar”. El problema no es solo de presentación, hay un error de concepción de la comunicación, de sentirse poseedor de la verdad y de no escuchar y no respetar a las personas y los ciudadanos. En los gobiernos del Siglo XXI eso tiene costos, a menos de querer remplazar el diálogo por el autoritarismo.
La operación rescate es un mal modelo para generalizar y proyectar al ámbito de comunicación de gobierno, se trató de una situación excepcional, donde el “factor humano” era muy acotado y el “factor difusión”, muy controlable. El diseño de la operación fue encargado a ingenieros y técnicos de un área en la que Chile es vanguardia a nivel mundial, la minería del cobre. Adicionalmente contó con el apoyo internacional de los centros del conocimiento y tecnología más avanzados del mundo. La solución era “técnicamente” muy compleja, pero el objetivo común era muy simple y de total consenso: rescatar con vida a los 33. Desarrollar la solución técnica separada del resto y realizar la gran difusión final era posible y recomendable.
Resuelto el problema técnico, el montaje escénico y publicitario fue casi perfecto. Siguió un guión extraordinariamente ejecutado, sincronizado con los tiempos y ritmos televisivos del mundo, con una variedad austera pero muy atractiva de tomas. El personaje principal de la transmisión era un presidente cercano y preocupado, disciplinado y siguiendo el libreto acordado,  hablando en castellano e inglés fluidamente. A nivel nacional, la operación de difusión significó un alza de la valoración del presidente de casi 10 puntos en las encuestas, e internacionalmente, un record de exposición positiva que algunos han estimado equivalente a 20.000 millones de dólares. Negocio redondo, en votos y en millones.
Gobernar es comunicar
¿Por qué no funcionó igual en Magallanes? Porque separar lo técnico de lo comunicacional, puede funcionar en situaciones y eventos excepcionales y  específicos. La operación rescate no tenía los desafíos que tiene gobernar; podría haber sido realizada por una empresa, y en alguna medida así se manejó, solo que esa empresa era el Estado de Chile. No era necesario conducir una comunidad humana compleja, con intereses diversos y contrapuestos hacia un horizonte común, el consenso era preexistente, había que difundir la obra a posteriori pero no era necesario dialogar, ni escuchar, para implementar la solución desarrollada por los ingenieros.
El error de entender la comunicación como  difusión posterior de soluciones técnicas impecables, no surge con este gobierno, ni en este país. Por ejemplo, la separación del diseño técnico de la comunicación, la falta de escucha de las personas y sus necesidades, de la construcción de una comunidad de proyecto común, es un factor indispensable para comprender el desastre comunicacional y técnico, del mal diseño y peor implementación del Transantiago.
Las soluciones “técnicas” solo son “impecables” si satisfacen a la comunidad y si se pueden implementar sabiamente, evitando costos y conflictos que pueden hundir el proyecto. En los asuntos públicos y de gobierno, una magnifica “solución técnica” creada por un grupo de iluminados no funciona si no cuenta con el apoyo, o por lo menos la anuencia, de la comunidad local y nacional. En la gestión de un gobierno democrático, las soluciones se construyen y no se imponen
Es indispensable, particularmente en un gobierno que plantea la Unidad como tema central, pasar de una concepción de la comunicación antigua y autoritaria, de correa de transmisión y mando, a una concepción de la comunicación moderna e integradora, donde comunicar es escuchar y orientar a personas y comunidades, articular valores, propósitos, emociones y conductas para avanzar unidos y potenciados por la riqueza de la diversidad. 

Esperemos que esta vez el gobierno saque las lecciones correctas. Así se evitarían conflictos inútiles y desgastantes y se aprovecharían las oportunidades de un país que tiene todo para madurar y crecer.

domingo, 9 de enero de 2011

Vida digital



Jorge Andrés Bravo Cuervo


El año 2010 se ha convertido en un hito  mucho más  allá del significado que tuvo para los chilenos por los extraordinarios eventos y vicisitudes que no ha tocado pasar (terremoto, bicentenario entre otros). Lo ha sido para el mundo,  por los amplios efectos económicos, sociales y culturales que esta teniendo la revolución tecnológica en curso, la cual día a día nos va dejando en evidencia, que no se trata de  la sumatoria de nuevas máquinas o dispositivos, sino de una  nueva realidad  que  esta transformando las relaciones  entre las personas, grupos e instituciones.  Asistimos a la gestación de una nueva existencia, la   vida digital. Para muestra, señalemos los cambios que están afectando a los medios de comunicación masivos (Periódicos, revistas, cine y producción musical) que dominaban sin contrapeso en el siglo pasado, lo cuáles hoy están inmersos en un proceso  de radicales adecuaciones de soporte, configuración  y distribución. 

El mundo de los aparatos cada vez más interconectados y multifuncionales está adquiriendo un protagonismo en  la cotidianidad,  lo cual va cambiando las nociones mismas de lo que entendemos, comprendemos y vivenciamos. Pareciera que ese futuro alguna vez se ha leído en las hojas amarillentas de  los libros de ciencia ficción o visto en las pantallas de cine o la T.V adquiere una consistencia, una verosimilitud, que nos obliga a reconceptualizar  lo ha  aprendido, y es un permanente desafío a la apertura hacia nuevos artefactos tecnológicos, dotados de configuraciones,  que pondrán aprueba permanentemente nuestras capacidades de aprendizaje, y por sobretodo, nuestras capacidades de discernimiento de los fenómenos societales que traen aparejados. 

Asumir pues, la demarcaciones  que supone la vida digital es ventajosa, pues nos hace partícipe de una comunidad comunicativa; abierta y mutante, nos sitúa en la interacción  con otras personas atrapadas en las mismas circunstancias y dispuestas a compartir, no nos queda más que aceptar la irrupción de  una multiplicidad de situaciones o eventos digitales por llegar, estamos compelidos a interactuar con ello, en un proceso, continuo de insospechados derroteros lo que pueden significar una ampliación de los horizontes de nuestra vida. En efecto, el acceso a  Internet pone a disposición de cualquier usuario un volumen infinito de información, ante el cual debemos desarrollar habilidades orientadas sobre la manera de poder  apropiarse de ella, para convertirla en un  conocimiento a disfrutar y utilizar, además  posibilita la existencia de redes que han demostrado tener múltiples usos culturales, sociales e incluso han traído nuevas manera de establecer relaciones afectivas y sentimentales. 

La amenaza de los virus, el pirateo, la utilización de la información personal que va quedando en e-mail, twitter, facebook y otros, se han instalado como  las temidas epidemias del nuevo siglo,  a ser sobrellevadas  en estas nuevas fronteras por las  que transitamos. De ahí la urgente e imperiosa necesidad de generar un proceso de socialización digital acorde a los requerimientos de la  nueva etapa de la humanidad que se está asentando entre nosotros.  No es que el mundo haya dejado de ser “ancho y ajeno”, sino que se vuelto más omnipresente e ineludible a los caprichos de apretar  el botón de encendido.

sábado, 1 de enero de 2011

Recuerdos de la década pasada

Primer Encuentro Internacional de Comunicología 

La comunicología se ha desarrollado, con distintos énfasis, en diferentes países y a través de variadas experiencias que han enriquecido el espacio de conocimiento y acción de la comunicación humana.

En Noviembre de 2007, en Ciudad de Panamá, se realizó el I Encuentro Internacional de Comunicología, entre la Fundación de la Comunicología (Chile) y el Grupo hacia una Comunicología Posible, GUCOM (México)
. Este "video del recuerdo" sintetiza las visiones presentes en aquel encuentro.

Los resultados fueron inesperados, productivos y clarificadores. Es nuestro deseo que en esta década el diálogo se intensifique, se sumen nuevos actores y avancemos en la configuración de una disciplina querida y necesaria.


miércoles, 22 de diciembre de 2010

Diez días que estremecieron México


Por Mauricio Tolosa

En la Ciudad de México, las abundantes luces que adornan las principales avenidas, los juegos de invierno instalados en el Zócalo, -pista y tobogán de hielo y fábrica de muñecos de nieve-, anuncian una temporada navideña normal en el año del Bicentenario. Tranques de fin de año, bocinas de los automovilistas y canciones navideñas repitiéndose en las tiendas y malls. Lo único disonante, fueron esos doscientos granaderos con equipamiento antimotines rodeando una treintena de reyes magos frente al Monumento a Benito Juárez.

Pero, las portadas de los periódicos y las noticias de la televisión mostraron cada día, imágenes de una realidad nacional asombrosa y trágica. Tuve la sensación de vivir unos macabros “diez días que estremecieron el mundo”, de asistir a una vorágine histórica que, por la rapidez de su desarrollo, no daba tiempo de analizarla. Ni siquiera los agudos intelectuales mexicanos, en algún foro de televisión a altas horas de la noche, lograban interpretar lo que sucedía y más bien se sumaban al coro del desconcierto e indignación ciudadana, como un perplejo más.

Guerra a dos horas de Ciudad de México

Cuando aterricé en el DF, el domingo 12, todavía ardían camiones en las carreteras y sonaban las ráfagas en el estado de Michoacán, a dos o tres horas de la capital nacional. Las infografías publicadas en los periódicos mostraban nueve lugares, incluida Morelia, la capital del estado, donde los militares se enfrentaban con los miembros de la Familia Michoacana. En un ataque realizado desde helicópteros Black Hawk el ejército logró abatir al líder ideológico, diplomático y militar de la Familia, Nazario Moreno y a varios de sus sicarios. El Ejército reconoce 11 muertos, entre los que se cuentan 3 civiles y 5 policías federales, pero en un país inundado por la sospecha, diferentes medios sitúan los muertos en varias decenas.

Durante la semana posterior se desarrollaron cuatro manifestaciones que pedían la salida del ejército de Michoacán y honraban la memoria del líder narcotraficante. Ayer, los jefes de recambio de la Familia Michoacana emitieron comunicados advirtiendo a la población de no usar las carreteras durante las fiestas de Navidad y de permanecer en sus hogares, anunciando que “la batalla recién comienza”. En el marco de la guerra de comunicados, el gobierno negó que exista apoyo ciudadano hacia la organización criminal y declara tenerla cercada.

Liberando sicarios

Cinco días más tarde, el viernes 17, en un estado del Norte, Tamaulipas, 145 reos salieron por la puerta principal del penal de Nuevo Laredo, abordaron buses y huyeron. El rescate masivo es el mayor, pero no el primero, organizado por los carteles que se diputan salvajemente las rutas de la droga hacia Estados Unidos. Según algunos comentaristas los muertos en la guerra entre las bandas son tantos, que la liberación masiva de reos es la manera más rápida de reponer las bajas y contar con soldados para las batallas. La guerra al narcotráfico declarada por el presidente Calderón, en 2006, ha dejado más de 30,000 víctimas.

En Tamaulipas rige una brutal ley del silencio impuesta por los carteles de la droga a los periodistas, los programas sociales de gobierno no llegan a las comunidades alejadas de las carreteras pues los caminos secundarios se encuentran en manos de las bandas armadas, y hace algunos meses durante la campaña para elegir gobernador, fue asesinado el candidato del PRI. A los ciento cuarentaicinco reos de alta peligrosidad, que escaparon del penal de Nuevo Laredo, se suman a otros doscientos fugados durante este año desde las cárceles de Matamoros y Reynosa. El Jefe de Gobierno del Tamaulipas y el Presidente del Gobierno Nacional se recriminan mutuamente por la responsabilidad en la fuga.

Ordeñando para la muerte

Dos días después, el domingo 19, otra fuga, esta vez de combustible, provocó una explosión que mató a 30 personas y destruyó 115 casas, en San Martín Texmelucan, en el estado de Puebla. El robo de combustible desde un ducto de PEMEX, lo que popularmente se llama “ordeña”, habría generado las condiciones del desastre. La empresa estatal de petróleos de México, tiene una importancia económica, simbólica y política determinante para el estado, constituye el sistema circulatorio de los recursos fiscales. Las organizaciones delictivas que organizan la “ordeña” de los ductos de PEMEX, exportan el botín hasta refinerías en Estados Unidos, y manejan un negocio que alcanza los 1000 millones de dólares anuales, sin que el estado tenga la capacidad de proteger el petróleo mexicano. A propósito del robo organizado en PEMEX, los analistas recordaban que hace algunos años desde una de las plataformas de explotación marina, en una noche, desapareció un helipuerto.

Asesinato en cámara

Tres días antes, el jueves 16, en Chihuahua, Marisela Escobedo, fue ejecutada frente al Palacio de Gobierno, al lado de una cruz donde 300 clavos recuerdan las 300 mujeres asesinadas durante el año 2010 en ese estado, el genocidio más incomprensible y vergonzoso de la América Latina de hoy. El asesinato fue grabado y difundido en los telediarios y redes sociales. En las imágenes se ve como Marisela intenta arrancar cruzando la calle, y un hombre la persigue para dispararle en la cabeza y posteriormente huir en un automóvil. La mujer pedía justicia por la muerte de su hija, cuyo asesino confeso, fue liberado por los jueces.

Mientras se organizaban los funerales de Marisela, fue secuestrado su cuñado y le prendieron fuego a su negocio, una empresa maderera. Horas más tarde fue encontrado ejecutado. La policía descartó alguna relación con la muerte de Marisela. En el caso del cuñado, explicaba la policía, el castigo fue porque se negó a pagar una extorsión, llamada derecho de piso, para funcionar con su negocio. Según las organizaciones de Derecho Humanos, menos del 1% de los crímenes y delitos cometidos en México termina en castigo.

Los políticos también

Mientras tanto, en Ciudad de México, el corazón del antiguo virreinato, el de la política cortesana y conspirativa, dos noticias relacionadas con los políticos impactaron la semana. La primera, el desafuero constitucional del diputado Julio Cesar Godoy. En septiembre, Godoy, buscado por la policía, había logrado introducirse durante la noche al edificio de la Cámara de Diputados, para amanecer ahí, prestar juramento y obtener la inmunidad para protegerse de la acusación de ser miembro de la organización criminal de la familia michoacana. Hoy, el desaforado honorable se encuentra prófugo.

Los diez días terminaron con otra noticia del mundo político: la liberación de Diego Fernández Ceballos, uno de los políticos más emblemáticos e influyentes de México, del partido de gobierno actual, el PAN, ex candidato presidencial que encabezó la oposición a los gobiernos del PRI. El Jefe Diego, como le llaman en México, estuvo secuestrado más de 7 meses, y fue liberado el lunes 21, luego del pago de un millonario rescate.

La imagen cinematográfica de Diego Fernández, fue motivo de transmisiones especiales y grandes titulares que relegaron a notas menores la denuncia de la Cancillería Salvadoreña del secuestro y desaparición desde un tren, en Oaxaca, de 50 migrantes centroamericanos que se dirigían a Estados Unidos. Con una amplia barba crecida durante su cautiverio, que acentuaba su aspecto de Quijote, y unos ojos húmedos por la emoción, Jefe Diego, realizó declaraciones conciliadoras hacia sus captores y agradeció la moderación y responsabilidad de los medios y periodistas en la cobertura de su secuestro.

Desconcierto funcional


En un mundo acostumbrado a los escándalos y excesos de los medios, resulta sorprendente la mesurada narrativa periodística de los periódicos y canales de televisión mexicanos. Los extraordinarios eventos previos a la Navidad fueron tratados como una noticia más, ubicada entre la farándula y el deporte. Los columnistas y editorialistas, dan la nota emocional, se indignan pero no explican, probablemente nadie quiere transformase en mensajero de un diagnóstico que nadie quiere escuchar, menos antes de Navidad. Los senadores y políticos entrevistados abundantemente, tampoco se escuchan demasiado alterados o preocupados. La calma de los medios oficiales, periodísticos y políticos, contrasta con la reacción de los ciudadanos en las redes sociales, donde los mensajes breves y radicales, parecen hacer sonar una alarma que el poder formal no quiere escuchar en toda su magnitud.

En otros países, los hechos ocurridos significarían escándalos y conmociones, destituciones de ministros y gobernadores, y hasta la caída del gobierno. Para que suceda cada uno de esos eventos, se requiere una trama de acciones y decisiones, omisiones y colusiones, que acusa el deterioro de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. Cabe preguntarse si la extensión del narcotráfico es causa o consecuencia, o ambas, del desplome institucional. Sin embargo, el poder central parece tranquilo, parado sobre los restos de un pasado esplendor, con su puesta en escena y magnificencia, que todavía simula un estado que en gran parte del territorio no funciona.

Lamentablemente, lo sucedido en estos diez días no es una crisis mediática, sensacionalista y voyerista, que se olvidará y superará con los regalos, los pavos de navidad, los villancicos y las vacaciones de fin de año. Al contrario, si alguna responsabilidad le cabe a los medios, es la de no dar a conocer y contextualizar la magnitud y profundidad de la crisis, de no sincerar el estado del país. Quizás mantener la ilusión de vivir en el contexto de lo “normal” es un mecanismo de defensa y sobrevivencia propio de cualquier situación humana límite, pero muy peligroso.

Para mejorarse, primero hay que reconocer y diagnosticar la enfermedad. Hacerlo es urgente. El domingo, en Guatemala, el presidente Álvaro Colom, decretó estado de sitio y ocupó con el ejército el departamento de Alta Verapaz, fronterizo con México, para tratar de rescatarlo de las manos del cartel mexicano de los Zetas. El derrumbe del gigante mexicano puede contagiar la región con consecuencias mucho más catastróficas que las de la mediática gripe H1N1.

Radiografía a los diseñadores: comunidad e identidad


Por Mariluz Soto Hormazábal

Los diseñadores, sin diferenciar el ámbito específico de desarrollo, somos profesionales que generamos estrategias visuales, solucionamos principalmente el fondo a través de formas. Las formas no se sustentan sin un previo diagnóstico que nos indica cómo abordar la complejidad y magnitud del encargo. El fondo es lo que apasiona, motiva y permite el fluir de las ideas que serán las que potenciarán un concepto, solucionarán y darán la forma.

En la etapa instructiva los diseñadores desarrollan diversas habilidades inconscientes de observación del mundo, de su propio mundo y en los que transita. Esta inconsciencia al no pasar al estado de conciencia se traduce en un débil manejo y desconocimiento de la secuencia de acciones que concluye en las creaciones.

Diseñar propuestas debe ser el resultado de un proceso creativo, mucho más complejo e integral que dibujar, bocetear, mirar en internet o generar productos; asumirlo desde esta perspectiva es un valioso activo estratégico que fortalece y potencia la identidad del diseñador. Este es un factor significativo del agotamiento y distanciamiento de la comunidad de diseño.

Adquirir conciencia
El desarrollo de una metodología para los procesos y planteamientos de nuestro hacer es un camino necesario para mejorar la creación de piezas gráficas, productos, vestuarios, digitales, multimedia, estos son consecuencia de un know how, una serie de conductas aprendidas en la historia y experiencia. Explicitar el conocimiento, desarrollo y realización es necesario para evidenciar y valorar el “diseñar”, de lo contrario la participación en proyectos se transforma en arte e inspiración profesional “arbitraria” provocando el alejamiento con los científicos, médicos o ingenieros. La falta de rigor desvaloriza al profesional frente a otras disciplinas.

La capacidad creativa se modela, en las escuelas de diseño nos entregan las primeras herramientas para el desarrollo de un pensamiento creativo y activo. Pensar en el proceso, en los referentes y en las acciones. Asociar las herramientas tecnológicas que ayudarán en el proyecto, cuál es la conceptualización, a quiénes nos dirigimos y lo más importante qué es lo que queremos comunicar. Estas asociaciones adquiridas  permiten que los profesionales del diseño desarrollen la capacidad y habilidad para llegar a ser lo que desean.
En un primer momento somos parte de la comunidad de diseñadores –como muchas otras carreras- por el sólo hecho de formarnos en la universidad. Pero la pregunta es qué es los que nos mantiene en ella, cómo contribuimos a su desarrollo desde nuestro trabajo. El desafío es pertenecer activamente, con un pensamiento reflexivo, con la conciencia de que somos responsables de la calidad visual de nuestra comuna, ciudad, región, país y de lo que Chile proyecta al mundo.

Una comunidad de diseñadores debe ser una constante generadora de ideas, creativa y con capacidad de mirar mucho más allá de los horizontes convencionales. Los diseñadores son los responsables de formar una comunidad que los acoja y refleje en su intensidad de pensamientos y profundidad conceptual. Una comunidad se determina por quienes la habitan. Los seres humanos aprendemos de la interacción con otros, necesitamos estar en contacto y en movimiento. Debemos participar, opinar y “estar” para construir y configurar la comunidad a la que queremos pertenecer.

Autopercepción y proyección
Tener claro cuál es el estado actual nos permite vislumbrar algunos datos que son relevantes en cuanto a los factores que influyen en nuestro estar, hace poco un estudio de futuro laboral reveló que diseño es de las 10 carreras peores pagadas en Chile, un indicador preocupante que en lugar de movilizarnos, contribuye a degradar el hacer y la emoción del diseñador, mantiene las pautas económicas  y nos dificulta ver más allá.
En la encuesta realizada hace pocas semanas con la colaboración de la Fundación de la Comunicología, la investigación y la información solicitada iba más allá de los números, tener un panorama sobre el sentimiento-diseñador es tan revelador como su estado económico. Los parámetros de medición económica puede mejorar con el fortalecimiento de la autovaloración. Acercarnos, conocernos y reconocernos es el paso inicial para comenzar a construir.

Los diseñadores están conscientes de su potencial creativo, su autopercepción es de mayor flexibilidad y adaptación que otros profesionales, valoran la capacidad de ajustarse a escenarios cambiantes e inseguros. Reconocen que su trabajo es importante dentro de las organizaciones en las que trabajan o para sus clientes.
Las debilidades apuntan a la inseguridad, la poca valoración del entorno y la falta de rigor. Muchas carencias en el manejo de su propia imagen y de autogestión. Un gran distanciamiento en lo que se piensa y hace: el valor agregado del trabajo del diseñador es visible pero no saber gestionar su propia imagen mantiene aquel valor oculto de los ojos del cliente o el empleador.

Destacar como fortaleza y oportunidad, el interés por mantenerse actualizado, desde la vinculación en redes sociales orientadas al diseño, la participación en diferentes sitios o portales y revistas. La mayoría de los encuestados manifiesta poseer espíritu de auto superación e interés por adquirir más conocimientos a través de especializaciones o nuevas herramientas que les entreguen un movimiento diferente dentro de la comunidad.


Identidades y comunidad
Como se ha explicado, la identidad de los  diseñadores tiene muchos aspectos prometedores y constructivos; identificar y tener claras las debilidades, es un paso importante para comenzar a proponer soluciones. La comunidad de diseñadores está en rediseño, debemos mirar nuestra comunidad nacional y mirar otras, ¿qué está pasando más allá de nuestra geografía?

En la trienal de diseño de New York se distinguieron 8 puntos importantes que de alguna manera orientan el diseño de nuestro tiempo: energía, movilidad, comunidad, materiales, prosperidad, salud, comunicación y simplicidad. Todos con un fuerte énfasis en las personas y a la vida en comunidad, como hacerla más saludable corporal y espiritualmente. Por otro lado, en el encuentro internacional DMI, que se realizó este año en Londres, el fortalecimiento del diseñador desde la gestión, la educación y la investigación fue el tema principal. Estas dos visiones de la preocupación del diseñador hacia fuera y hacia dentro, es lo que nos entrega una visión de colaboración permanente hacia la humanidad.

Estas señales de otras comunidades de diseño son importantes. Nos entregan ideas de visión y proyecciones, de las necesidades de actualización. Los diseñadores tenemos que  adaptarnos a escenarios cambiantes y mantener la flexibilidad de aprender nuevas formas para entregar calidad.

La mayoría de  los diseñadores tenemos autopercepción y autovaloración comunes, al mismo tiempo que nos sentimos con muchos desafíos y oportunidades, nos da temor el cambio, pero no por falta de capacidades, sino porque no contamos con un respaldo o seguridad para pararse en el mundo y hacer valer nuestros conocimientos y experiencia como procesos valiosos y sustanciales.

Dejo aquí la invitación a seguir creciendo, a hacer comunidad y a participar en ella. Propongo mantenernos en constante autoanálisis y hacer explícitos nuestros procesos creativos, propongo trabajar en conjunto y compartir, dejar el celo y envidias para construir. Propongo ir más allá de las formas para preocuparnos del fondo, y asumir que somos responsables de la calidad actual de diseño. Si no proponemos y actuamos no podemos cambiar.

martes, 14 de diciembre de 2010

Chile 2010, la comunicación fue moda


Por Mauricio Tolosa

El año 2010,  en Chile, los temas relacionados con la comunicación ocuparon un lugar destacado. Las críticas a la campaña presidencial de la Concertación fueron numerosas, llegando incluso a atribuirle un papel importante en su derrota. La posible sanción del Consejo Nacional de Televisión, a un programa que parodiaba la vida de Jesús, generó una encendida polémica y un cuestionamiento sobre el papel del CNTV. Aunque más política y empresarial que desde el punto de vista del poder de los medios, la posesión de un canal de televisión por el presidente fue criticada hasta el día de su venta.  El cierre de la edición impresa del diario La Nación, generó una ola de recuerdos y remembranzas, pero también planteó la insatisfacción con la uniformidad ideológica de los medios dominantes. 
Mención especial merecen las ácidas críticas a las coberturas mediales nacionales de los tres hechos que pusieron a Chile en las primeras planas y los principales telediarios del mundo durante el 2010. Tanto en el terremoto, como en el rescate de los 33 mineros y el incendio de la Cárcel de San Miguel, los medios fueron cuestionados, principalmente a través de las redes sociales y los medios electrónicos, por la liviandad facilista de la cobertura, los excesos de morbo que llegaron a la truculencia, la explotación de la miseria y el dolor de las víctimas y damnificados. Quizás esta molestia del público se simboliza en la cachetada en cámara que propinó una persona, que esperaba noticias de un familiar, a una periodista de Canal 11, durante la cobertura del incendio de la Cárcel. Los medios y los periodistas, hasta hace poco entre las instituciones más creíbles y confiables, también empiezan a perder la simpatía ciudadanía. 
Otro tema comunicacional presente en la agenda del año del Bicentenario, aunque no como era esperable o deseable, fue la identidad nacional. No se conversó sobre la historia, ni se abordaron preguntas importantes sobre el país, que iluminaran la convivencia y los años por venir. Aprendimos más sobre quienes somos a través de los brutales eventos telúricos y humanos que irrumpieron durante el año, que por una celebración que brilló por su juego de luces pero que tuvo una ausencia tan radical de contenidos, que transformó en protagonistas, del evento estelar proyectado sobre La Moneda, a Condorito y las pelotas del mundial del 62’.

El tema de la identidad, también se manifestó en la controversial campaña “Chile hace bien”, fundamentada, según la Fundación Imagen País, en un riguroso estudio internacional de dos años, y que por capricho-orden presidencial se cambió por “The chilean way” luego del éxito de la imponente puesta en escena que acompañó el rescate de los 33, que alcanzó record mundial de sintonía. En el mismo registro publicitario de los slogans, se podría considerar la lluvia de comentarios y sátiras, que recibieron los dos logos presentados por el gobierno entrante para recalcar su propia imagen, en un lapso de nueve meses.
Podría continuar con una larga enumeración de evidencias para confirmar que el 2010 fue el año en que la comunicación se puso de moda. La consolidación de las redes sociales contribuyó a crear este fenómeno. Una gran cantidad de personas, a través de sus blogs, facebook o twitter generan una segunda voz, no siempre armónica, pero siempre alerta a cuestionar las narrativas oficiales y la forma de construirlas.
Para el desarrollo humano y nacional, es importante madurar y profundizar esta conversación emergente, todavía más emocional que explicativa e integradora. La comunicación determina nuestro mundo, atraviesa las decisiones cotidianas de los ciudadanos, en los ámbitos políticos, económicos y culturales. Somos lo que comunicamos, las conversaciones en que participamos, las personas a las que escuchamos, los medios de comunicación que consumimos. Si la comunicación fuera un tema al que los medios dedicaran suplementos y secciones, como lo hacen con la economía o el deporte, probablemente, las personas serían menos manipulables, comprenderían mejor su mundo y tendrían más posibilidades de transformarlo.

viernes, 10 de diciembre de 2010

El incendio en la TV: ¿dónde están los editores?


por Andrea Vial
Directora Escuela de Periodismo UAH

Salir a la calle a reportear una tragedia con más de 80 muertos no es tan simple. En momentos de caos, miedo, angustia y desinformación, los periodistas son los ojos, los oidos, y sobre todo la boca y la inteligencia de sus audiencias. ¿Por qué entonces no saben reaccionar frente al dolor? ¿Por qué olvidan cómo se trata a una persona que está experimentando una situación límite?

Probablemente, si juntamos todo lo que sucedió este año, se podría elaborar el mejor texto escolar sobre Chile contemporáneo. Las tragedias y las victorias del Bicentenario han revelado mejor que nadie sobre qué miserias y bellezas estamos construidos. Lo mismo podríamos decir del periodismo audiovisual. Si seguimos el hilo narrativo de las historias que nos conmovieron el 2010 y la forma como la televisión se hizo cargo de ellas, podemos entender dónde estamos, cuánto hemos avanzado y qué falta hacia adelante.

Al igual que en una operación DEYSE, ese plan organizado que permite prepararse para una emergencia, y cuya única gracia para que valga la pena es haberlo practicado antes del incendio o el terremoto, el periodismo también cuenta con manuales de ese tipo. El problema es que a diferencia de la operación DEYSE ensayada en el colegio, pareciera que nosotros solo lo leímos una vez (si es que lo hicimos en la Universidad) y nunca nos pusimos “en situación”, antes de reaccionar a un hecho noticioso de enormes consecuencias.

Salir a la calle a reportear una tragedia con más de 80 muertos no es tan simple. No basta con hablar bien ante una cámara, tener personalidad y formular un par de preguntas en forma coherente. Y ya eso no es poco. De hecho, la gran mayoría de los televidentes no sería capaz de hacer bien ninguna de esas tres cosas. El tema es que a los periodistas, precisamente por la responsabilidad que conlleva el oficio que ejercen, se les exige mucho más. En momentos de caos, miedo, angustia y desinformación, ellos son los ojos, los oidos, y sobre todo la boca y la inteligencia de sus audiencias. ¿Por qué entonces no saben reaccionar frente al dolor? ¿Por qué olvidan cómo se trata a una persona que está experimentando una situación límite? ¿Por qué se exponen a que los humillen con un manotazo en pantalla, como fue la bofetada que recibió la periodista de Chilevisión Mónica Sanhueza?

Está claro que es necesario mostrar el dolor. Es fundamental hacerlo. Solo así, como lo expresa el autor que muchos periodistas estudiamos, Eduardo Terrasa, el público puede compadecerse y padecer con el que sufre. El punto es que el dolor es una expresión de intimidad y como parte de la intimidad, dice Terrasa, debe existir consentimiento de quien sufre para compartir esa pena. Y eso es lo que la televisión ayer no respetó. Bastaba con preguntar fuera de cámara a una madre si quería hablar de su hijo. Ese mínimo gesto hace la diferencia, más bien la deferencia.

Peor lo que hizo Megavisión. Mostrar los cuerpos captados por una cámara de celular, mientras funcionarios de la PDI intentaban verificar su identidad, traspasó todos los límites. Creo que esa decisión, de una falta de caridad sin nombre y un exquisito mal gusto, será probablemente sancionada por el Consejo Nacional de Televisión. Que nadie se atreva a enarbolar la bandera de la libertad de expresión para defender una conducta que hace rato deberíamos condenar sin excepciones. ¿Se habría atrevido el canal a mostrar esos cadáveres semi desnudos si hubiesen correspondido al de jóvenes de un colegio de La Dehesa?

Otra práctica que llama la atención es el descuido en la elección de las fuentes. La tecnología permite que hoy existan muchos reporteros ciudadanos cooperando con los medios, pero eso no significa que el periodismo tenga que olvidar su rol de aduana entre lo que es interesante y lo que es relevante. Si logramos que un testigo llame desde el interior de la cárcel para dar su testimonio, las preguntas deberán ir de acuerdo a lo que esa fuente es, un testigo interesado, y no un experto que explica con lujo de detalles las causas técnicas de un problema que no domina. Sus opiniones son válidas, por cierto. Pero el ideal sería que el aporte estuviera por el lado de lo que está ocurriendo, de cómo escapó él, que describa aquello que ve y que nosotros no apreciamos.

El verdadero aporte del periodismo no estuvo en esas eternas entrevistas por celulares, más bien estuvo cuando Jorge Hans se sorprendió con la confesión del Presidente de los Funcionarios Penitenciarios, Pedro Fernández, en el sentido de que había solo cinco gendarmes a cargo de toda la torre 5, o cuando apareció la fiscal Maldonado desencajada y algo furiosa criticando a todos los gobiernos, o cuando el Intendente de Santiago con voz tiritona le dijo a los periodistas que el terrón de barro que tenía en sus ojos era comprensible y que no tenía ninguna importancia. Esas eran las fuentes que valían la pena, las que tenían que dar la cara sin concesiones. Y a las que había que poner contra las rejas una y otra vez porque para eso son autoridades, para mandar, tomar decisiones y responder por ellas. Las otras fuentes, las del dolor, las hubiésemos querido en silencio, con el respeto del sonido ambiente. Con esas solo debíamos llorar; con las otras, encontrar explicaciones. Y cuando se llora, se llora, no se habla; en cambio, cuando se requieren respuestas, se pregunta, se indaga, se buscan datos.

Para lograr lo segundo, esos reporteros, cansados, agobiados y cargados de emociones, necesitan ayuda. Necesitan cabezas frías que tomen decisiones por ellos. Y allí están los editores. Están en las salas de control, alejados del hervidero, en la racionalidad del mando. ¿Cumplieron los editores? ¿Les soplaron al oido información de calidad a sus reporteros? ¿Los pauteraon con preguntas adecuadas en la medida que avanzaba la noticia? ¿Citaron al estudio a los expertos que pudieran ir dando contexto a todo lo que estaba sucediendo? Así trabaja la BBC. Esa cadena que tanto nos sorprendió en el rescate de los mineros. Sus reporteros en cámara no son unos sabiondos. Sus talentos son la suma de su encanto y empatía comunicacional con la capacidad intelectual propia y la de sus asistentes. A cada minuto los están alimentando con información dura, con datos frescos, chequeados y contrachequeados, lo que les da seguridad y un desplante inigualable en pantalla. Eso es trabajo en equipo. Es profesionalismo, es tomarse muy en serio el rol que les tocó jugar en la sociedad.

Nada indica que tragedias como las que hemos experimentado no estallen en cualquier minuto. Sería interesante practicar ahora el plan DEYSE. Junto con repasar algunas orientaciones programáticas, procede revisar lo que se hizo bien (para reforzarlo), corregir los errores y preparar los escenarios futuros. No es tan difícil adivinar que los aviones se van a caer, que los hospitales pueden colapsar, que algún corrupto vestido de gente anda suelto planeando alguna maldad o que el narcotráfico se puede mandar un numerito. El periodismo es un oficio demasiado sagrado como para no tomarlo con la seriedad que se merece. Sin embargo y pese a todo, creo que cuando revisemos este año llegaremos a la conclusión de que somos más libres gracias al desempeño de muchos buenos periodistas.


Artículo publicado en sitio Puroperiodismo

martes, 7 de diciembre de 2010

La dictadura de las formas




por Andrés Rojo Torrealba

A medida que la Humanidad ha ido avanzando en la historia reciente, ha ido cobrando cada vez mayor importancia el mensaje breve, propio del predominio de los medios de comunicación masiva.   Lo que el público consume es el titular y cuando se trata de noticiarios televisivos o radiales sólo es capaz de recordar un par de ideas y sólo de algunas de las informaciones que se le han entregado.

Esta situación ha sido cabalmente comprendida por el actual Gobierno, que ha llevado adelante un cuidadoso plan de marketing para promover sus iniciativas, a diferencia de las administraciones anteriores de la Concertación, que preferían el uso de los símbolos como elemento de comunicación, que, sin duda, tiene mayores significados y de mayor profundidad que un titular pero que, al mismo tiempo, corre el riesgo de caer en el vacío si no es bien comprendido por el público.

El titular o la cuña, como se le llama en jerga periodística a la frase que el político entrega sabiendo que será la que será reproducida en radio y televisión, tienen el mérito de producir un impacto concreto, aunque no perdure en el largo plazo.

Lo que hace el Gobierno entonces es utilizar concienzudamente este método, reiterándolo cuando considera necesario asegurar que el mensaje llegue a la gente, como lo ha venido haciendo al decir, cada vez que entrega un balance de sus logros, que sus éxitos superan a lo hecho por el Gobierno anterior.   Como es natural, el público es incapaz de recordar las cifras o aun el asunto del que se trata la información, pero sí entiende que esta administración lo está haciendo mejor que la pasada.

Frente a esto se tiene que responder con un lenguaje similar, lo que no ha logrado definir la actual oposición, que tiende a la queja, como si su adversario estuviera haciendo trampa.  Si de fútbol se tratara, lo que se escucharía desde la Concertación sería la protesta por un gol realizado en posición de adelanto.

El problema es que el público, que es el que hace de árbitro para estos efectos, no vio la jugada sino el gol solamente y lo está validando y a punto de sacar tarjeta amarilla a quienes protestan porque, tal como sucede en el fútbol, el árbitro no tiene la posibilidad de ver la posición del goleador por una pantalla de televisión, en cámara lenta ni repitiendo la imagen sino que se atiene a lo estrictamente formal, y eso es que hubo un gol.

Puede ser injusto que las formas prevalezcan sobre el fondo, pero es la manera en que se debaten –o dejan de debatir- las ideas en política.  El slogan está sobre el discurso y la frase capaz de dejar huella en la mente del público predomina sobre los pesados volúmenes con cifras que puedan demostrar lo contrario de lo que se afirma.   Parafraseando el slogan usado por Bill Clinton para derrotar a Bush padre -“es la economía, estúpido”-, la Concertación debería entender que ahora se trata del lenguaje.

martes, 30 de noviembre de 2010

Haití más que pobreza, terremoto y cólera


Por Victoria Uranga

Lo primero que me dijo el taxista al llegar a República Dominica es que ellos eran “pobres felices”, de fondo sonaba música bachata, nada de rosa. Cuando le pregunté por los haitianos señaló que son mucho más negros que ellos, que repletan sus servicios públicos y que ellos no pueden ni con sus propios pobres, que cómo los van a ayudar. Todo mientras, recibía tweeteos que me alertaban de que me cuidara del cólera. Como si en Chile fuera una enfermedad desconocida.

En Haití y República Dominicana, el creole y el español se comunican dificultad. Pero el problema es más profundo, hay una historia de distanciamientos y dependencias, entre dos países y dos culturas. Partiendo por el hecho de que la independencia de los dominicanos no fue de España, sino de Haití. El mismo que hoy lo hace ser el país con más pobreza de toda América (en extrema pobreza vive el 70% de su población) y a su territorio casi totalmente deforestado por el uso de la leña como fuente de energía. En este contexto: la desesperanza en Haití se cultiva con facilidad. También la resilencia y la colaboración.

Los medios de comunicación dominicanos reflejan la profunda distancia entre dos países obligados a estar juntos por siempre y con el mar como testigo. Como acompañamiento no hay campanas sino llamados a cerrar la frontera, a expulsar a los haitianos, a que no se detenga el turismo y a que los países que comprometieron ayuda para el terremoto del 12 de enero: cumplan sus promesas. Es que vergonzosamente, se fueron las cámaras y también varios olvidaron enviar lo ofrecido. Tal vez ahora aparezca, porque Haití y su gente están de nuevo en la agenda de los medios “gracias” al cólera.

El cólera está en Haití por partida doble. Primero como enfermedad que mata a todos y todas los que no acceden a un tratamiento oportuno. Pero también está presente como ira. Para muchos haitianos esta es una enfermedad que la trajeron los “extranjeros” y reclaman con piedras y protestas a los mismos que están ahí para mantener su precaria estabilidad.

Cólera es una enfermedad de países en situación de pobreza. Entre otras cosas porque está asociado a falta de condiciones básicas de agua potable, higiene, alcantarillados y hábitos alimenticios. Por lo tanto, cuál es la sorpresa de que un brote de cólera esté multiplicándose en el lado occidental de la isla. Cuál la sorpresa de que también aumenten los casos en el lado dominicano si, a diario las mujeres haitianas cruzan (o lo intentan) con el legítimo deseo de que sus hijos e hijas nazcan con algún horizonte de oportunidades (feminización de la pobreza ¿les suena familiar?). Cuál es la sorpresa de que muchos dominicanos sientan vulneradas sus fuentes de trabajo, si su situación sólo es un poco mejor que sus vecinos.

En Chile, el tema probablemente sólo será noticia como un muy breve de internacional, cuando las muertes alcancen alguna cifra espantosa o para dar recomendaciones a los turistas que tienen a Punta de Cana en sus planes de veraneo. Pero podríamos hacer bastante más.

No sé cuál es la mejor forma para realizar una ayuda efectiva, pero siento que a lo menos esta puede ser una oportunidad para mirarnos como América. Una América solidaria retomando el nombre de la organización que envía a Haití a muchos jóvenes profesionales a aportar con sus energías y conocimientos (www.americasolidaria.org), y que por sobre todo, nos provoca evidenciando la pobreza más allá de las demarcaciones de los países. Una oportunidad para mirar a partir de esta experiencia la relación con nuestros países limítrofes, con los muchos que definimos como “otros” que discriminamos o ignoramos a diario, con nuestras formas de reaccionar cuando una amenaza nos afecta y nos conecta con nuestra fragilidad de seres humanos.

Aunque en muchas esquinas de Santo Domingo se pueden ver haitianos vendiendo víveres o pidiendo limosnas, aunque están presentes en la mayoría de las construcciones y aunque la frontera está a unas pocas horas en auto desde la capital dominicana, Haití me pareció más lejano y más cercano que nunca. Lejano porque me sentí paralizada de impotencia, no sólo en acciones sino también en la dificultad de comprender las distintas dimensiones en juego. Cercano, porque me conectó con nuestras pobrezas.

Los 25 de noviembre de todos los años se conmemora el Día Internacional de la eliminación de la violencia contra las mujeres. Esa fecha fue elegida en honor a las hermanas Mirabal: tres heroínas dominicanas asesinadas por luchar contra el dictador Trujillo. Tal vez, este año nos podamos inspirar en su lucha para reforzar esfuerzos para eliminar las muchas otras violencias que tenemos pendientes, entre ellas la pobreza.

Fotografía desde http://www.mujeresenconexion.org/?q=node/495

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Acciones, coordinaciones y reconfiguración


Caminar, comer, escribir, leer, reír, llorar son acciones determinadas que hacemos a diario sin tener la plena conciencia del movimiento de las piernas al caminar o de las manos y boca para comer o el imparable horizontalismo de los ojos al leer, tampoco tomamos consciencia de los músculos como modifican su forma al reír o al llorar. Esta acción es el “producto final” de la serie de transmisiones nerviosas que van desde el cerebro, que da la instrucción, hasta el musculo, que la recibe, esta coordinación, este sistema de mensajes que determinan la movilidad es lo que nos permite “estar normal”.
Recientemente aprendí sobre el poder del cerebro, conociendo enfermedades autogeneradas, consecuencia de una instrucción exagerada del sistema nervioso central, reaccionando quizás ante una potencial amenaza, se convierte en un peligro para el resto del organismo, los músculos sobrerreaccionan y crean un impacto tan potente que resiente su consistencia normal, provocando consecuencias mayores, que en algunos casos, demora meses la recuperación.
Las coordinaciones erradas, dañan el ritmo y el fluir de las acciones, seguir sólo una instrucción sin razonar es lo que nos distancia de las máquinas, las que mediante una programación configuran las coordinaciones y las consecuentes acciones. Cuando hay problemas, la solución es “reset” y volvemos a configurar nuestro sistema establecido artificialmente. En el caso del cuerpo humano, los impulsos nerviosos son movimientos y transacciones automáticas que van acumulando memoria y adaptaciones según los cambios percibidos, generan automáticamente nuevas configuraciones, no producto de un razonamiento orgánico ni molecular, sino que en base a la articulación de combinaciones coherentes.
Evidentemente en nuestros procesos naturales y biológicos, las experiencias e interacciones nos van dando esa configuración que compone nuestro estar y hacer. Las coordinaciones forman parte del desarrollo y crecimiento, por ejemplo, los bebés aprenden del  entorno próximo – la familia-  caminar está compuesto por imitaciones de movimientos, conductas e impulsos nerviosos que se coordinan. Aprender a hablar, son coordinaciones de lengua, mandíbula y crecimiento de la dentadura que permite la resonancia necesaria para que la unión de las frecuencias sonoras formen los sonidos que componen las palabras.
Todas estas coordinaciones normales son desarrolladas por lo que entrega el entorno, la interacción que se establece con él y la configuración de los genes en su conjunto es lo que genera la capacidad de procesar, adaptar y reconfigurar la información genética. Las acciones son la consecuencia de un proceso consciente e inconsciente de nuestro organismo.

Acciones, escencia del hacer

Las acciones son la esencia del hacer, cuando pasamos desde el pensar al actuar es cuando se concretan las ideas, es el momento en que se hace real y tangible la brillantez de los pensamientos y del proceso creativo. Es cuando la materia gris se transforma en tornasol. 
El proceso creativo es una secuencia de pensamientos y acciones que van modificando y replanteado el hacer y pensar. Todo proceso necesita un tiempo de decantación y evaluación, tal como aprender a caminar, no es algo inmediato, aunque la intención existe si no hay un proceso de gateo o de caídas repetidas, es difícil conseguir la postura erguida y equilibrada para dar los pasos. Es requisito pasar por la consciencia de los movimientos, para que las coordinaciones se configuren y permitan la fluidez de los actos ya aprendidos.

Espacio de distinciones

Las distinciones de los sentidos, por ejemplo, nos va dejando una huella en la historia de nuestras vidas, al sentir un aroma por primera vez lo internalizamos dentro de nuestro catálogo de experiencias vividas. 
Posteriormente ya no nos impresionará, quizás evocará algún momento determinado pero ya no analizaremos aquel aroma que tenemos agregado en nuestro recuerdo. En lo que contribuirá es en distinguir entre un aroma y otro, porque está dentro de nuestra memoria percibida. 
La impresionante perfección del cuerpo humano, como sistema de coordinaciones permite que las acciones sean coherentes, permiten movimiento y funcionamiento. Da los espacios para incorporar nuevas distinciones, es flexible y adaptable, es integrador y dispuesto a buscar nuevos caminos si ve obstruido el funcionamiento normal. 
Aun con todas las virtudes, el cuerpo humano requiere de la interacción y de la exposición, necesita crear lo anticuerpos para defenderse, sus procesos son potenciados y facilitados por la experiencia y la capacidad de almacenar episodios para formular las soluciones. 
La inconsciencia de los movimientos es producto de la experiencia adquirida, tomar consciencia de los actos requiere concentración y capacidad de distinguir entre uno y otro. Al tener que modificar alguna acción o funcionamiento del cuerpo es cuando nos damos cuenta de la cantidad de acciones que se ejecutan instantáneamente para llevar a cabo un movimiento.
Así es como nos movemos en nuestro hacer diario, lo que hacemos o con quienes interactuamos van modelando nuestra manera de ser, de vivir y de actuar. El proceso de creación casi no es percibido por etapas individuales, es un conjunto de pensamientos y de acciones que han determinado nuestros procesos, en este caso mentales. La manera en que conversamos con otros  es parte de lo que define nuestra identidad dentro de una comunidad. La manera en que nos vestimos, es el resultado del conjunto de interacciones con otros, la configuración de nuestras familias, de nuestra sociedad, cultura o religión. 
Somos un cuerpo que interactúa por dentro y por fuera en un sistema de coordinaciones que deben combinarse coherentemente, en el interior no tenemos plena consciencia y dominio de los procesos, en el exterior somos quienes decidimos y definimos nuestro hacer.
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