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sábado, 12 de marzo de 2011

Chile, Japón, y sus terremotos: un Océano de diferencia


Por Ricardo Maldonado O. Twitter: @rickmao


Ya ha pasado un año desde nuestra catástrofe, la cual hasta el día de hoy, se mantuvo en el quinto puesto de magnitud y destrucción. Hasta que vino Japón, con celos enfermizos, desplazándonos al sexto. ¿Han visto las imágenes? Devastador, sin duda, pero no tanto para ellos (los japoneses) como si para nosotros, los chilenos. Estoy hablando de una devastación simbólica, social y psicológica.

Es cierto. Según estadísticas que oí en la tele este día 11 de marzo, Japón tiene el horrible récord de poseer cerca del 20% del total de terremotos anuales mundiales. Otro dato que oí, es que desde 1995, que Japón no tenía un terremoto tan devastador. Ah, por cierto: en 140 años, este ha sido el peor de todos.

Un historial horrible, que sin duda ha contribuido a modelar cultural, social, política y económicamente a la isla de extremo oriente. Un historial que ha permitido que el factor miedo haya sido domesticado a tal punto, que podemos ver fotografías como estas, a minutos de terminado el mega terremoto:


http://www.aeromental.com/2011/03/11/foto-y-video-de-tokyo-disneyland-tras-el-tsunami/

Compare con la siguiente:



Si! Adivinó! Este es Chilito....

Hoy, tras un año del terremoto de febrero de 2010, a los chilenos nos domina el miedo. Un miedo incontrolable, que ante la más mínima agitación, ya estamos con el corazón en la mano. Chile es un país sísmico. No en la magnitud japonesa, es cierto, pero he conocido personas que ya han vivido 2 y hasta 3 terremotos de los más fuertes vividos en Chile ('39, 60', 2010). Y los anales recogen ese historial. Sin embargo, a pesar de ese historial, nuestras instituciones y autoridades caminan al filo de la ineptitud y la estupidez. Todas las medidas que se tomaron 'de manera preventiva', se valoran y agradecen. Pero más me parece a mi que constituyen un espectáculo mediático con el que el gobierno actual pretende diferenciarse del anterior (hoy en la mañana escuché por la radio a un político alabando la reacción del gobierno ante la emergencia, comparando esas reacciones con la del gobierno anterior, con una diferencia 'como del cielo a la tierra', como si el nivel de la emergencia no haya sido también de una diferencia abismal). Con esta diferenciación, sólo se pretende un impacto en las encuestas. Porque los verdaderos cambios culturales no se ven ni decantan en una sociedad tras un año (a menos que haya coerción externa) de una catástrofe, sino que logran consolidarse tras años de situaciones, experiencia, madurez y decisiones. El camino es largo. No sólo debemos aprender a lidiar con los movimientos telúricos y con el miedo inherente a estos, sino también aprender a comportarnos, no como japoneses, sino como ciudadanos responsables y maduros. No sólo debemos saber qué hacer y hacia donde correr. Debemos comenzar a tomar decisiones políticas con respecto a la tecnología y a la investigación que Chile debe realizar por sí mismo, evitando seguir en la misma rutina copiadora de todo. En Japón, el internet y la electricidad siguieron funcionando. La telefonía cayó unos momentos, no semanas como acá. La prevención (es decir, edificios anti-sísmicos, arquitectura e ingeniería de mitigación de impacto, sismógrafos, conexión sismógrafos-ciudadanía, etc.) funciona, porque años de malas experiencias condujo a un importante cambio cultural en ellos.

Es por ello, que un enorme océano nos separa a japoneses y chilenos.

sábado, 26 de febrero de 2011

Terremoto del 27 de Febrero en Chile: la conversación que no tuvimos

Por Mauricio Tolosa Twitter: @mautolosa

Hace un año, la defensa nacionalista de Don Francisco fue, para muchos, motivo de orgullo. Que lloráramos, nos conmoviéramos, teletoneáramos estaba bien; pero realizar las preguntas más profundas y obvias después de una catástrofe de esa magnitud, no era aceptable a riesgo casi de ser acusado de antipatriota. Un año después pagamos, con un Chile dividido y confundido, enfrentamos las consecuencias de no haber realizado aquella conversación. Todavía es tiempo, porque la tarea que queda es mucha.
A continuación la columna de aquellos días:

Habitualmente, las catástrofes naturales o humanas abren espacios para preguntarse de manera más activa y penetrante. Sucedió en Estados Unidos, después de los Huracanes Andrew o Katrina,  y también en América Latina con los intensos debates y reflexiones sobre el estado de la sociedad, después de los terremotos de Managua en 1972 y  de la Ciudad de México en 1985, o del Huracán Mitch que desoló, en 1998, a Nicaragua y Honduras. 
Por esto, quizás no es tan sorprendente que luego de visitar la zona del desastre en Concepción y recoger impresiones y testimonios, Jorge Ramos, destacado periodista y conductor de Univisión, escriba un artículo titulado “Dos Chile Tras el Sismo”, donde señala “que en realidad hay dos Chiles” y uno de ellos, el más pobre, apareció cuando el terremoto  corrió el velo de la ilusión.
Lo que sí es sorprendente, es la respuesta de Mario Kreutzberger, el popular Don Francisco de Sábados Gigantes que descalifica de entrada las opiniones de Ramos. Aunque titula su nota “Con respeto”, a continuación de realizar una especie de autocrítica a la simplificación de sus opiniones en alguno de sus propios viajes a países en “situación de excepción”, concluye “me pregunté cuántas veces también me habré equivocado”.
No se trata de quién tiene la razón. Si quién dice que no puede ser la presidenta de un país la que deba “decretar” si hay tsunami , o que los sistemas de alerta no funcionaron y costaron las vidas a cientos de personas, o que el bello aeropuerto de Santiago estaba diseñado para París donde no conocen los temblores, o que los saqueos fueron por desesperación o por codicia, o que los vecinos se hayan armado y encendido hogueras para protegerse de los asaltantes, o que miles de chilenos solidarios viajaron espontáneamente desde cientos de kilómetros hacia las zonas afectadas llevando ayuda, o que se recaudó una cifra record de ayuda en una “teletón” solidaria. 
Lo importante, hasta por razones terapéuticas, es establecer la conversación, levantar las preguntas. El problema es que Chile tiene una auto percepción coagulada y defendida conscientemente por los administradores de imagen del modelo. Una imagen que se administra con mayor facilidad reposando sobre el pánico a disentir, al que tiene una visión diferente, al que cuestiona el estado de las cosas, al que hace preguntas más de fondo.
Las evidentes observaciones de Jorge Ramos, las obvias preguntas que surgen de las mismas, no están presentes en los medios de comunicación masivos de Chile. En la cobertura del terremoto, la televisión, se ha preocupado más de la mal llamada “nota humana”, que mantenga la sintonía a través del horror o de la gloria, que de buscar explicaciones, o de preguntarse y abrir perspectivas.
En los medios chilenos, de debate y conversaciones nada. Peligroso estado de silencio y bloqueo del diálogo, cuando se requiere desatar la creación e imaginación para renovar el desarrollo y devolver el impulso a regiones donde el desastre dejó pérdidas materiales por 30.000 millones de dólares.
Pareciera que los chilenos, particularmente quienes detentan el poder de los medios de comunicación y los de ese “10% más acomodado que acumula más de la mitad del ingreso”, del que habla Jorge Ramos, pueden aceptar que se mueva la tierra y bote edificios, puertos y aeropuertos, pero no que bote la imagen de Chile que han y se han construido.

jueves, 3 de febrero de 2011

La TV y sus (en)claves 2



Por Luis Breull / @luisbreull 

Fácil, repetida, efectista. Esta segunda entrega de “La TV y sus (en)claves” es sobre el magreado y despótico metagénero de contenidos llamado entretención.

Suele ser considerado expresión de chabacanería, mal gusto, banalidad y -al mismo tiempo- magistral sincretismo de lo que se conoce como cultura pop. Ese marco que  deviene en usos de tiempo ocioso frente a una pantalla vinculante para los miembros de la sociedad individualista de masas (tan bien descrita por Dominique Wolton).

La entretención televisiva se ha consolidado en las últimas décadas como un mecanismo dinámico de autoidentidad, excluyente respecto de lo que se conoce como la oferta cultural de élite que está cada vez más distanciada del ocio masivo urbano. Ese símil a la canalla que denostaba Domingo Santa María a fines del siglo XIX y que bien retrató Alejandro Venegas en sus crónicas del centenario. La misma que hoy se alimenta gratis y pasivamente desde la TV con cuanto formato se oriente a copar sus franjas horarias.

Conceptualizar la entretención masiva en TV no acepta maniqueísmos ni condenar a priori a la industria y sus consumidores preferenciales. Es infinitamente más complejo. Requiere mirar cómo se distribuyen los recursos socioculturales necesarios para poder acceder a contenidos complejos o con mayores grados de significación. Y también los atributos narrativos que son pertinentes a la comunicación televisiva generalista.

Por eso no es de extrañarse que en la TV abierta -no en la de pago- los documentales, debates políticos o las conversaciones y entrevistas sobre arte y cultura ocupen espacios como los domingos en la mañana -lo que en Estados Unidos se conoce como el horario basurero- o en sus tardes, renunciando a los días y los segmentos más masivos en las parrillas programáticas (que privilegiarán la emocionalidad, el drama y los componentes lúdicos o de humor).

Facilismo.

Interpelar a los públicos desde la entretención masiva es un recurso simple y directo, no exento de un esfuerzo creativo, pero que no tolera complejidades. Se buscan resultados inmediatos y el riesgo suele suplirse con la carencia de matices en la oferta (selección y disposición de contenidos). A menores apuestas innovadoras baja la posibilidad de fracasar, en proporción directa también a la construcción de un hábito de visionado o una alianza de largo plazo público-medio.

Ejemplos de este atributo hay muchos. Los franjeos horarios de magazines matinales de lunes a viernes, programas de conversación/farándula al mediodía, mix de telenovelas nacionales/extranjeras en la tarde (segmento que se conoce también como el “descanso de la guerrera”, en donde la dueña de casa se libera de las tensiones domésticas de aseo y almuerzo y se relaja apropiándose del control remoto). Programas juveniles y ficciones nacionales vespertinas, noticias a las 21 horas, más ficción y mix de formatos de entretención en el prime time.

Las parrillas se asemejan, mientras los enganches de los programas se reducen a la explotación del humor, el crimen, la exhibición de la intimidad y el voyerismo morboso. Todo en un tono facilista y sin matices. Mostrar, exhibir la vida privada de las clases bajas o de personajes controvertidos/en crisis, transformar la pantalla en una ventana que permita su existencia social mediatizada. Un reduccionismo clasista que, visto desde la industria es acompañar y representar a los públicos, ser sus aliados y sus “parientes famosos”, sus salvadores y amigos del relajo.

Repetición

El problema de esta forma de hacer TV es la homologación de las ofertas y la circularidad de sus contenidos. Como ejemplo, la ola de programas estelares de talentos que nos esperan este 2011, acompañados por el éxito reciente de CHV en ese marco y que regresará con una segunda temporada. Mega y Canal 13 buscarán “los dobles de…”, TVN a la mejor banda o solista de música.

Como los encendidos de la TV abierta van en descenso, cada canal tiende a afirmar su propia parrilla en los espacios de conversación en vivo, en sus magazines o en sus noticieros. Es necesario llamar la atención con los programas que se tiene. Se comentan y repiten fragmentos de sus espacios hasta el exceso. El objetivo: la hipervisibilidad. Su consecuencia: la inflación de contenidos, autopromociones que califican todo como espectacular y marketing disfrazado de noticias.

Efectismo

La última característica de este análisis es la compulsión por conmocionar al telespectador con sobregiros guionizados y promesas de rupturas de límites que no son tales; que no comprometen situaciones sociales, culturales o valóricas de fondo (como podría ser la exhibición de sexo en vivo en un reality, la confrontación de temáticas controvertidas sobre los derechos civiles de los homosexuales o legitimar abiertamente la prostitución o el matrimonio de personas del mismo género).

Se cae en constantes simulacros o guiños que escalan en intensidad, pero que sucumben en su propia narrativa para provocar desde el drama y las denuncias hasta la telerrealidad. No siempre se consigue, pese a la destrucción de intimidades en la farándula de los famoseados  al empeño por denigrar a las personas o usarlas como conejillos de indias de zoológicos experimentales, como en el caso de “Año 0” (orina mediante y mandato de producir programas a menor costo, bajando sueldos y achicando sus plantas).

Sin duda la entretención de la pantalla abierta no sólo cruza estos atributos negativos. Hay aportes que permiten reforzar lazos identitarios y comprender aspectos de la realidad que, de no existir, sería muy difícil de obtener gratuitamente en una escala tan masiva. Pero eso será materia de otro post.


viernes, 14 de enero de 2011

Más respeto con las regiones, no es un gas atravesado



Por Mauricio Tolosa / Twitter @mautolosa 
En Punta Arenas, PUQ, se termina el mundo como la conocemos y se abre, a alguna distancia, otro mundo, sin tierra y de hielo, de pingüinos y bases científicas extremas. En Magallanes, el viento impulsa extensiones y macizos rocosos que se gestan en un caldero de energía helada. La perspectiva se modifica. El viento frío limpia las preconcepciones ancestrales de salones de clase y dominio eurocéntrico y uno se imagina que ese extremo Sur, es el inicio del mundo, donde todo comenzó.
La riqueza motor del Chile ha emanado directamente de la Tierra, el salitre y el cobre para Chile, o el petróleo para Magallanes. Las épicas mineras, conquistas de los límites, luchas obreras o hazañas de pirquineros alimentan el imaginario de pueblos y ciudades desde el desierto a la Patagonia. Los 33, el hecho de mayor posicionamiento mediático de la historia nacional, tuvo que ver con un grupo de mineros atrapados en el fondo de la tierra y con cápsulas Fénix que penetraban la roca desnuda para llegar a la frontera desconocida de las entrañas de la Pachamama.
La identidad de Magallanes emerge del paisaje y la relación con la riqueza de la tierra. Cuando allá, se conversa sobre la Empresa Nacional del Petróleo, ENAP, el gas o el petróleo, no se habla de cuentas de fin de mes. Cuando se habla de viento y de frío no se habla de un calentador y un panel térmico sino de una paisaje humano. Esas conversaciones tocan las fibras profundas de la identidad de un pueblo y de una región, y en ellas aparecen la relación con un Santiago que extrajo el petróleo magallánico como quién explota una colonia desde la metrópoli, las visitas esporádicas del emperador o la emperatriz, la falta de respeto por una cultura, un modo de vida y una identidad diferentes.
El conflicto no es con Sebastián Piñera y su equipo de Palacio, o contra un gobierno de derecha (ayer, en una declaración inédita todas las directivas regionales de los partidos, desde la UDI al PC, firmaron una declaración conjunta frente al tema del gas). El conflicto es contra una lógica metropolitana de desarrollo, de números y oficinas, que impone, que utiliza, que no respeta, que no escucha a las comunidades. Que ve a las personas de carne y corazón y a sus entornos naturales como estadísticas y oportunidades de voto y negocio.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Radiografía a los diseñadores: comunidad e identidad


Por Mariluz Soto Hormazábal

Los diseñadores, sin diferenciar el ámbito específico de desarrollo, somos profesionales que generamos estrategias visuales, solucionamos principalmente el fondo a través de formas. Las formas no se sustentan sin un previo diagnóstico que nos indica cómo abordar la complejidad y magnitud del encargo. El fondo es lo que apasiona, motiva y permite el fluir de las ideas que serán las que potenciarán un concepto, solucionarán y darán la forma.

En la etapa instructiva los diseñadores desarrollan diversas habilidades inconscientes de observación del mundo, de su propio mundo y en los que transita. Esta inconsciencia al no pasar al estado de conciencia se traduce en un débil manejo y desconocimiento de la secuencia de acciones que concluye en las creaciones.

Diseñar propuestas debe ser el resultado de un proceso creativo, mucho más complejo e integral que dibujar, bocetear, mirar en internet o generar productos; asumirlo desde esta perspectiva es un valioso activo estratégico que fortalece y potencia la identidad del diseñador. Este es un factor significativo del agotamiento y distanciamiento de la comunidad de diseño.

Adquirir conciencia
El desarrollo de una metodología para los procesos y planteamientos de nuestro hacer es un camino necesario para mejorar la creación de piezas gráficas, productos, vestuarios, digitales, multimedia, estos son consecuencia de un know how, una serie de conductas aprendidas en la historia y experiencia. Explicitar el conocimiento, desarrollo y realización es necesario para evidenciar y valorar el “diseñar”, de lo contrario la participación en proyectos se transforma en arte e inspiración profesional “arbitraria” provocando el alejamiento con los científicos, médicos o ingenieros. La falta de rigor desvaloriza al profesional frente a otras disciplinas.

La capacidad creativa se modela, en las escuelas de diseño nos entregan las primeras herramientas para el desarrollo de un pensamiento creativo y activo. Pensar en el proceso, en los referentes y en las acciones. Asociar las herramientas tecnológicas que ayudarán en el proyecto, cuál es la conceptualización, a quiénes nos dirigimos y lo más importante qué es lo que queremos comunicar. Estas asociaciones adquiridas  permiten que los profesionales del diseño desarrollen la capacidad y habilidad para llegar a ser lo que desean.
En un primer momento somos parte de la comunidad de diseñadores –como muchas otras carreras- por el sólo hecho de formarnos en la universidad. Pero la pregunta es qué es los que nos mantiene en ella, cómo contribuimos a su desarrollo desde nuestro trabajo. El desafío es pertenecer activamente, con un pensamiento reflexivo, con la conciencia de que somos responsables de la calidad visual de nuestra comuna, ciudad, región, país y de lo que Chile proyecta al mundo.

Una comunidad de diseñadores debe ser una constante generadora de ideas, creativa y con capacidad de mirar mucho más allá de los horizontes convencionales. Los diseñadores son los responsables de formar una comunidad que los acoja y refleje en su intensidad de pensamientos y profundidad conceptual. Una comunidad se determina por quienes la habitan. Los seres humanos aprendemos de la interacción con otros, necesitamos estar en contacto y en movimiento. Debemos participar, opinar y “estar” para construir y configurar la comunidad a la que queremos pertenecer.

Autopercepción y proyección
Tener claro cuál es el estado actual nos permite vislumbrar algunos datos que son relevantes en cuanto a los factores que influyen en nuestro estar, hace poco un estudio de futuro laboral reveló que diseño es de las 10 carreras peores pagadas en Chile, un indicador preocupante que en lugar de movilizarnos, contribuye a degradar el hacer y la emoción del diseñador, mantiene las pautas económicas  y nos dificulta ver más allá.
En la encuesta realizada hace pocas semanas con la colaboración de la Fundación de la Comunicología, la investigación y la información solicitada iba más allá de los números, tener un panorama sobre el sentimiento-diseñador es tan revelador como su estado económico. Los parámetros de medición económica puede mejorar con el fortalecimiento de la autovaloración. Acercarnos, conocernos y reconocernos es el paso inicial para comenzar a construir.

Los diseñadores están conscientes de su potencial creativo, su autopercepción es de mayor flexibilidad y adaptación que otros profesionales, valoran la capacidad de ajustarse a escenarios cambiantes e inseguros. Reconocen que su trabajo es importante dentro de las organizaciones en las que trabajan o para sus clientes.
Las debilidades apuntan a la inseguridad, la poca valoración del entorno y la falta de rigor. Muchas carencias en el manejo de su propia imagen y de autogestión. Un gran distanciamiento en lo que se piensa y hace: el valor agregado del trabajo del diseñador es visible pero no saber gestionar su propia imagen mantiene aquel valor oculto de los ojos del cliente o el empleador.

Destacar como fortaleza y oportunidad, el interés por mantenerse actualizado, desde la vinculación en redes sociales orientadas al diseño, la participación en diferentes sitios o portales y revistas. La mayoría de los encuestados manifiesta poseer espíritu de auto superación e interés por adquirir más conocimientos a través de especializaciones o nuevas herramientas que les entreguen un movimiento diferente dentro de la comunidad.


Identidades y comunidad
Como se ha explicado, la identidad de los  diseñadores tiene muchos aspectos prometedores y constructivos; identificar y tener claras las debilidades, es un paso importante para comenzar a proponer soluciones. La comunidad de diseñadores está en rediseño, debemos mirar nuestra comunidad nacional y mirar otras, ¿qué está pasando más allá de nuestra geografía?

En la trienal de diseño de New York se distinguieron 8 puntos importantes que de alguna manera orientan el diseño de nuestro tiempo: energía, movilidad, comunidad, materiales, prosperidad, salud, comunicación y simplicidad. Todos con un fuerte énfasis en las personas y a la vida en comunidad, como hacerla más saludable corporal y espiritualmente. Por otro lado, en el encuentro internacional DMI, que se realizó este año en Londres, el fortalecimiento del diseñador desde la gestión, la educación y la investigación fue el tema principal. Estas dos visiones de la preocupación del diseñador hacia fuera y hacia dentro, es lo que nos entrega una visión de colaboración permanente hacia la humanidad.

Estas señales de otras comunidades de diseño son importantes. Nos entregan ideas de visión y proyecciones, de las necesidades de actualización. Los diseñadores tenemos que  adaptarnos a escenarios cambiantes y mantener la flexibilidad de aprender nuevas formas para entregar calidad.

La mayoría de  los diseñadores tenemos autopercepción y autovaloración comunes, al mismo tiempo que nos sentimos con muchos desafíos y oportunidades, nos da temor el cambio, pero no por falta de capacidades, sino porque no contamos con un respaldo o seguridad para pararse en el mundo y hacer valer nuestros conocimientos y experiencia como procesos valiosos y sustanciales.

Dejo aquí la invitación a seguir creciendo, a hacer comunidad y a participar en ella. Propongo mantenernos en constante autoanálisis y hacer explícitos nuestros procesos creativos, propongo trabajar en conjunto y compartir, dejar el celo y envidias para construir. Propongo ir más allá de las formas para preocuparnos del fondo, y asumir que somos responsables de la calidad actual de diseño. Si no proponemos y actuamos no podemos cambiar.

domingo, 12 de septiembre de 2010

¿Cómo se decide la identidad nacional?


En medio de las celebraciones del Bicentenario, se lanzará la nueva campaña de Chile, para nuestro posicionamiento internacional. En una nota anterior dejé ver los riesgos del Slogan elegido, “Chile hace bien”, que se presta fácilmente para la ironía. Curiosamente la ironía no llegó desde los críticos, sino desde la propia campaña que celebra que Chile hace (las cosas) bien, cuando por un error de la agencia creadora, en una de su pieza gráficas centrales apunta a que “nuestro país es el destierro más árido del mundo”.

En esta nota quiero destacar otra de las piezas gráficas: el iceberg. Quizás algunos ya lo olvidaron, pero en Exposición Universal de Sevilla, la primera en que participó Chile luego que asumiera el gobierno el establishment emergente de la Concertación, el símbolo de nuestro pabellón fue un Iceberg. Hace casi veinte años el racional detrás del congelado símbolo, fue que necesitábamos separarnos del “tropicalismo” latinoamericano, que teníamos que hacer ver que nosotros éramos mejores que nuestros vecinos, más parecidos a Europa. Fue la elección consciente y clara de un grupo de ideólogos, publicistas y, hoy, lobistas, políticos y tecnócratas, para diseñar la narrativa de un país. El iceberg actual, el de “Chile hace bien”, es probablemente el símbolo del cierre de ese ciclo.

La narrativa propuesta está gastada, no es empática ni sensible, es poco creativa, casi por cumplir. Autocomplaciente, cae en el mismo error en que cayó la campaña presidencial de la Concertación: adularse a sí misma, la propia obra realizada, más que hablar del nuevo país que somos. Son los narradores oficiales, los guardianes del discurso felicitándose a sí mismos.

La campaña “Chile, hace bien” se pagará con el dinero de todos los chilenos. No es una campaña privada. Se presentó recientemente a la Comisión de Relaciones Exteriores del Parlamento, donde el mayor comentario, según informó El Mercurio, fue que había que darle más presupuesto.

En el año del Bicentenario, donde debiera estar presente la preguntas sobre nuestra identidad pasada, pero sobretodo la presente y futura, cabe preguntarse sobre la representatividad de la campaña. ¿Cómo se decide qué es lo que Chile quiere proyectar al mundo? En la Constitución el uso de los símbolos patrios es casi absurdamente restrictivo. ¿Cómo se explica en ese contexto el uso de la “imagen país” hacia el mundo? ¿Quiénes la deciden, quiénes se sientan a la mesa a decidir la narrativa oficial de Chile?

Para que haya unidad nacional, representación y sentido de pertenencia de todos, participación y cariño por nuestras instituciones y su gente es probable que haya que renovar y ampliar la mesa, pero sobretodo abrir las puertas y ventanas de la casa común.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

La nueva imagen: “Chile is good for you”


“Chile is good for you” es el nuevo slogan que ordena el rediseño del posicionamiento de Chile en el exterior. La campaña fue presentada ayer por el director ejecutivo de Fundación Imagen de Chile, Juan Gabriel Valdés, a los miembros de la comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados. Imagen
En español, el slogan elimina  el (te) y deja solamente “Chile hace bien”, para subrayar y jugar con el concepto de que “Chile hace bien las cosas”, porque según “evaluaciones realizadas en el exterior, Chile ha hecho bien sus tareas en diversas áreas”.
El nuevo slogan ofrece muchos flancos. Me recuerda la campaña “Hong Kong te deja sin aliento”, que luego del brote de la epidemia de gripe que afectaba mortalmente las vías respiratorias, tuvo que ser eliminada.
Un slogan hacia el exterior debe resonar con el interior, o no funciona. Aunque estemos en un clima bicentenárico y apreciativo de lo nacional, que “Chile hace bien las cosas” es más una auto felicitación de la clase política y tecnócrata  gobernante, especialmente la de gobiernos pasados,  que una percepción homogénea instalada entre los chilenos. Algunos puntos de alto impacto para la discusión: reacción ante el terremoto, bulling y rendimiento en los colegios, destrucción del medio ambiente, abstención de participar en las elecciones de porcentajes enormes de la población y voto mayoritario por el cambio, el Transantiago, etc.
Por otro lado, algunos "maliciosos" podrían rápida y fácilmente ridiculizar la campaña con imágenes como los mineros atrapados a setecientos metros de profundidad, o los mapuches muriendo en huelga de hambre, o los millones de niños afectados por la contaminación de Santiago en otoño, o la destrucción de las costas por las termoeléctricas, en fin siempre habrá imágenes para manipular e ironizar con “Chile hace bien”. Y en tiempos de redes sociales, las imágenes se desplazan a la velocidad de la banda ancha.
La estrategia tiene un costo de 10 millones de dólares. Los diputados reaccionaron con inquietud ante el bajo monto solicitado, ya que en otros países la inversión en “imagen país” es mucho más alta. Quizás sería razonable que antes de hablar de presupuesto, se realizara una mínima evaluación de sentido común de la campaña propuesta. La evaluación de si es “mucho” o “poco” también dependerá del impacto producido.

martes, 9 de febrero de 2010

Identidad en las comunidades virtuales y sus redes

por Mariluz Soto Hormazábal

I. Comunidades virtuales

Las comunidades virtuales son el gran actor de la época, con posibilidades virtuales de expansión, se han convertido en nuestros nuevos ojos, oídos y boca, nos expresamos a través de ellas, decimos lo que estamos pensando o qué está pasando.
Extensión de nuestros sentidos, mouse, teclado, pantalla, aplicaciones virtuales, post o comentarios, un nuevo lenguaje que configura el habitar en la red, pertenecer a una comunidad de interacción de usuarios, en el que el objetivo común es sólo estar en la misma red.
Las comunidades virtuales son un proceso de comunicación entre las personas, es la capacidad de ser más allá que sólo un visitante u observador pasivo, la posibilidad de comentar, participar, manifestar un interés, encontrarse con otras personas con igual preferencia o gusto en el espacio virtual.
La preocupación por la construcción de una comunidad que utilice de manera eficiente la tecnología y la apertura a los nuevos canales de comunicación, ya era una preocupación en el año 1999, con el libro “Comunicología: de la aldea global a la comunidad global”, Mauricio Tolosa anticipó que la oportunidad que nos ofrece la tecnología actual de construir una humanidad que celebre la diversidad y que vea en el otro una oportunidad de desarrollo, podría pasar a ser una utopía nostálgica, si no ponemos atención a los procesos de comunicación entre las personas.
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