domingo, 9 de enero de 2011

Vida digital



Jorge Andrés Bravo Cuervo


El año 2010 se ha convertido en un hito  mucho más  allá del significado que tuvo para los chilenos por los extraordinarios eventos y vicisitudes que no ha tocado pasar (terremoto, bicentenario entre otros). Lo ha sido para el mundo,  por los amplios efectos económicos, sociales y culturales que esta teniendo la revolución tecnológica en curso, la cual día a día nos va dejando en evidencia, que no se trata de  la sumatoria de nuevas máquinas o dispositivos, sino de una  nueva realidad  que  esta transformando las relaciones  entre las personas, grupos e instituciones.  Asistimos a la gestación de una nueva existencia, la   vida digital. Para muestra, señalemos los cambios que están afectando a los medios de comunicación masivos (Periódicos, revistas, cine y producción musical) que dominaban sin contrapeso en el siglo pasado, lo cuáles hoy están inmersos en un proceso  de radicales adecuaciones de soporte, configuración  y distribución. 

El mundo de los aparatos cada vez más interconectados y multifuncionales está adquiriendo un protagonismo en  la cotidianidad,  lo cual va cambiando las nociones mismas de lo que entendemos, comprendemos y vivenciamos. Pareciera que ese futuro alguna vez se ha leído en las hojas amarillentas de  los libros de ciencia ficción o visto en las pantallas de cine o la T.V adquiere una consistencia, una verosimilitud, que nos obliga a reconceptualizar  lo ha  aprendido, y es un permanente desafío a la apertura hacia nuevos artefactos tecnológicos, dotados de configuraciones,  que pondrán aprueba permanentemente nuestras capacidades de aprendizaje, y por sobretodo, nuestras capacidades de discernimiento de los fenómenos societales que traen aparejados. 

Asumir pues, la demarcaciones  que supone la vida digital es ventajosa, pues nos hace partícipe de una comunidad comunicativa; abierta y mutante, nos sitúa en la interacción  con otras personas atrapadas en las mismas circunstancias y dispuestas a compartir, no nos queda más que aceptar la irrupción de  una multiplicidad de situaciones o eventos digitales por llegar, estamos compelidos a interactuar con ello, en un proceso, continuo de insospechados derroteros lo que pueden significar una ampliación de los horizontes de nuestra vida. En efecto, el acceso a  Internet pone a disposición de cualquier usuario un volumen infinito de información, ante el cual debemos desarrollar habilidades orientadas sobre la manera de poder  apropiarse de ella, para convertirla en un  conocimiento a disfrutar y utilizar, además  posibilita la existencia de redes que han demostrado tener múltiples usos culturales, sociales e incluso han traído nuevas manera de establecer relaciones afectivas y sentimentales. 

La amenaza de los virus, el pirateo, la utilización de la información personal que va quedando en e-mail, twitter, facebook y otros, se han instalado como  las temidas epidemias del nuevo siglo,  a ser sobrellevadas  en estas nuevas fronteras por las  que transitamos. De ahí la urgente e imperiosa necesidad de generar un proceso de socialización digital acorde a los requerimientos de la  nueva etapa de la humanidad que se está asentando entre nosotros.  No es que el mundo haya dejado de ser “ancho y ajeno”, sino que se vuelto más omnipresente e ineludible a los caprichos de apretar  el botón de encendido.

viernes, 7 de enero de 2011

LA VIDA SIN WIKILEAKS



Por Andrés Rojo Torrealba

En los balances del año 2010 muchos sentirán la tentación de colocar la información filtrada por el sitio web Wikileaks como uno de los hitos más importantes a nivel mundial, ya que permitió conocer el verdadero pensamiento de los principales dirigentes del mundo sobre sus pares.

Al margen del sentido ligeramente morboso por conocer estas informaciones y del hecho de que siempre la transparencia es positiva, aunque, como en este caso transite en el borde de la legalidad y transgreda con descaro el sentido de la prudencia, la verdad es que las revelaciones de Wikileaks no son nada del otro mundo, salvo, quizás, la información sobre las torturas aplicadas por las tropas norteamericanas a los prisioneros de guerra.

Lo que más ha ocupado la atención en las últimas semanas son los cables firmados por diplomáticos norteamericanos respecto al resto de los gobiernos del mundo, y en eso no ha habido casi novedoso.

Con un poco de imaginación es fácil reproducir estos contenidos, y de hecho, si aplicamos este tipo de antecedentes a la política local, resulta sencillísimo.  ¿Alguien podría no creer que los dirigentes de la Alianza critican en privado a los de la Concertación y que los de la Concertación hacen lo mismo con los de la Alianza? ¿Alguien podría dejar de suponer el contenido de las conversaciones que mantienen en la privacidad de sus reuniones los dirigentes del PS y del PPD respecto de la DC, y en el sentido inverso?

Es fácil suponer también que si se transcribieran esos diálogos habría escasas referencias a los radicales y a los comunistas y que los comentarios sobre Marco Enríquez y Adolfo Zaldívar irían acompañados de gruesos epítetos en el caso de la Concertación y de signos de interrogación en el caso de la Alianza respecto a la forma de atraer sus votos a su propio molino.

En el caso de la Alianza es presumible suponer que en las conversaciones los chismes giran en torno a la calidad de liberales y conservadores de unos y otros, así como es perfectamente factible entender que estas palabras se utilizan tanto en los pasillos de los ministerios como en los salones de los partidos políticos.

En resumen, nada nuevo.  El problema es cuando el pensamiento privado aparece en letras de molde en los periódicos.   No es información real ni de mayor utilidad pero sí sirve para exponer a las personas.   Un cuento llamado algo así como “El Diablo se divierte”, de un autor nacional cuyo nombre no recuerdo, trata de un paseo que realiza el Diablo por la Tierra y cómo, por puro aburrimiento, permite que la gente se lea el pensamiento.   Eso es Wikileaks.   No pasa de ser un motivo de diversión, pero otra cosa bien distinta sería que se conocieran los pensamientos y obras que la gente se esconde incluso de sí misma.

En definitiva, la gran novedad del año ido es poco más que pompas de jabón. El desafío es darle contenido a la transparencia y si eso sí se logra sí que será espectacular, relevante y decisivo.

martes, 4 de enero de 2011

Las “figuras de autoridad” en nuestra vida diaria




Por Ricardo Higuera Mellado
Durante 2010, nos vimos envueltos bajo el concepto de “figuras de autoridad”. Una serie de personajes públicos tuvo que dar cuentas a la ciudadanía respecto de sus palabras, decisiones y acciones, las que repercutieron de forma directa en la vida de cientos y miles de personas. No sólo fueron los responsables, sino que debieron dar la cara y hacer valer el cargo que representaban.
Lo vimos con la inoperancia de las autoridades luego del terremoto y el tsunami; lo presenciamos con el comportamiento del presidente Piñera luego del rescate de los 33 mineros; lo vivimos en el cuestionamiento a las acciones del sacerdote Karadima; lo escuchamos en las desacertadas opiniones de la ex directora de la Junji, lo sentimos en el incendio en la cárcel de San Miguel… por nombrar sólo algunos episodios.
Sin embargo, vale la pena preguntarse, en un nivel más íntimo, cuáles son esas “figuras de autoridad” que reconocemos y validamos en nuestra vida diaria. Quizás sin saberlo (para muchos), estas personas juegan un rol preponderante en la configuración de nuestro mundo: desde lo que pensamos, hasta cómo sentimos y qué declaramos. Tal vez, para otro, ocupan un lugar que no necesariamente les hemos asignado conscientemente.
Hace un par de semanas, en medio de una conversación cotidiana, uno de mis amigos me comentaba lo mal que se sintió luego de recibir unos comentarios en su trabajo, por una situación fortuita que retrasó la ejecución de un determinado plan. Le pregunté si se trataba de su jefe, su supervisor directo o alguien que realmente tuviera injerencia en su desempeño diario (lo que hubiera justificado la forma en la que mi amigo se sentía). Pero no. Se trataba de una persona que, dentro del organigrama de la empresa, ni siquiera tiene relación directa con él ni con el resultado de las labores que realiza diariamente. Es más, sólo se habían saludado un par de veces en casi seis meses.
Conversamos sobre cuán relevante eran para él esos comentarios y qué valor le asignaba a la persona que se los había hecho. Lo curioso fue saber que, para mi amigo, esta compañera de trabajo no representaba una figura de autoridad en su vida (expresa o tácitamente). Luego de mucho conversar, concluimos que era clave no asumir esos juicios como verdades absolutas. Debía dejar de sentirse particularmente afectado por conclusiones que no tenían una argumentación sólida y que venían de una persona a la que él no atribuía características especiales en términos de relacionamiento.
Cuando nos enfrentamos a este tipo de situaciones, de personas que se toman el tiempo de hacer juicios sobre nosotros, vale la pena detenerse y pensar cuánto poder le asignamos a ellos y sus palabras. En términos generales, podemos reconocer figuras de autoridad en personas que tienen una mayor experiencia sobre determinadas materias (desde un campesino que conoce a la perfección el proceso de siembra y cosecha de un alimento en pleno campo, hasta el Premio Nóbel de Física) o alguien que pueda compartir sus experiencias previas sobre situaciones similares con otros (amigos, familiares, los jefes en las oficinas). Pero la clave está en cómo nosotros somos capaces de reconocer en ellos una figura que tiene el poder (otorgado por uno) de influir sobre mi estado anímico, mis pensamientos y mis acciones.
Cuando uno es capaz de hacer ese ejercicio, se da cuenta que muchas veces se presta atención a juicios que no son reales, pero que se asumen como tal o que vienen de una persona a la cual nosotros no reconocemos como la indicada para hablarnos de ese modo. Y lo más gratificante, es que, una vez que asumimos ese poder de restarle importancia a esas situaciones, logramos salirnos de un estado anímico como el que se encontraba mi amigo en esa oportunidad.
Pasa con los doctores a los que uno no le cree de buenas a primeras y pide una segunda opinión; sucede con el amigo que sabe, más o menos, qué carne es mejor para la parrilla, pero que al final reemplazamos por la sabiduría del carnicero del barrio; ocurre con el vocero de una compañía que, en el momento clave dentro de una crisis, titubea al momento de una declaración pública y lleva a la empresa a una pérdida de confianza por parte de sus públicos clave; pasa con el político que no cumple lo prometido en campaña y que nunca más logró recuperar el voto de ese elector que confiaba en él. La lista es larga, colorida y llena de formas.
Cuando mi amigo comprendió que debía dejar de sentirse oprimido por los comentarios de esta compañera de trabajo, soltó la angustia y se relajó. Comprendió que, en la medida que él identifique claramente quiénes son esas figuras de autoridad en su vida, sabrá con qué ligereza o profundidad tomará los juicios que hagan sobre su forma de pensar, el valor de sus sentimientos o las repercusiones de sus actos.

sábado, 1 de enero de 2011

Recuerdos de la década pasada

Primer Encuentro Internacional de Comunicología 

La comunicología se ha desarrollado, con distintos énfasis, en diferentes países y a través de variadas experiencias que han enriquecido el espacio de conocimiento y acción de la comunicación humana.

En Noviembre de 2007, en Ciudad de Panamá, se realizó el I Encuentro Internacional de Comunicología, entre la Fundación de la Comunicología (Chile) y el Grupo hacia una Comunicología Posible, GUCOM (México)
. Este "video del recuerdo" sintetiza las visiones presentes en aquel encuentro.

Los resultados fueron inesperados, productivos y clarificadores. Es nuestro deseo que en esta década el diálogo se intensifique, se sumen nuevos actores y avancemos en la configuración de una disciplina querida y necesaria.


miércoles, 22 de diciembre de 2010

Diez días que estremecieron México


Por Mauricio Tolosa

En la Ciudad de México, las abundantes luces que adornan las principales avenidas, los juegos de invierno instalados en el Zócalo, -pista y tobogán de hielo y fábrica de muñecos de nieve-, anuncian una temporada navideña normal en el año del Bicentenario. Tranques de fin de año, bocinas de los automovilistas y canciones navideñas repitiéndose en las tiendas y malls. Lo único disonante, fueron esos doscientos granaderos con equipamiento antimotines rodeando una treintena de reyes magos frente al Monumento a Benito Juárez.

Pero, las portadas de los periódicos y las noticias de la televisión mostraron cada día, imágenes de una realidad nacional asombrosa y trágica. Tuve la sensación de vivir unos macabros “diez días que estremecieron el mundo”, de asistir a una vorágine histórica que, por la rapidez de su desarrollo, no daba tiempo de analizarla. Ni siquiera los agudos intelectuales mexicanos, en algún foro de televisión a altas horas de la noche, lograban interpretar lo que sucedía y más bien se sumaban al coro del desconcierto e indignación ciudadana, como un perplejo más.

Guerra a dos horas de Ciudad de México

Cuando aterricé en el DF, el domingo 12, todavía ardían camiones en las carreteras y sonaban las ráfagas en el estado de Michoacán, a dos o tres horas de la capital nacional. Las infografías publicadas en los periódicos mostraban nueve lugares, incluida Morelia, la capital del estado, donde los militares se enfrentaban con los miembros de la Familia Michoacana. En un ataque realizado desde helicópteros Black Hawk el ejército logró abatir al líder ideológico, diplomático y militar de la Familia, Nazario Moreno y a varios de sus sicarios. El Ejército reconoce 11 muertos, entre los que se cuentan 3 civiles y 5 policías federales, pero en un país inundado por la sospecha, diferentes medios sitúan los muertos en varias decenas.

Durante la semana posterior se desarrollaron cuatro manifestaciones que pedían la salida del ejército de Michoacán y honraban la memoria del líder narcotraficante. Ayer, los jefes de recambio de la Familia Michoacana emitieron comunicados advirtiendo a la población de no usar las carreteras durante las fiestas de Navidad y de permanecer en sus hogares, anunciando que “la batalla recién comienza”. En el marco de la guerra de comunicados, el gobierno negó que exista apoyo ciudadano hacia la organización criminal y declara tenerla cercada.

Liberando sicarios

Cinco días más tarde, el viernes 17, en un estado del Norte, Tamaulipas, 145 reos salieron por la puerta principal del penal de Nuevo Laredo, abordaron buses y huyeron. El rescate masivo es el mayor, pero no el primero, organizado por los carteles que se diputan salvajemente las rutas de la droga hacia Estados Unidos. Según algunos comentaristas los muertos en la guerra entre las bandas son tantos, que la liberación masiva de reos es la manera más rápida de reponer las bajas y contar con soldados para las batallas. La guerra al narcotráfico declarada por el presidente Calderón, en 2006, ha dejado más de 30,000 víctimas.

En Tamaulipas rige una brutal ley del silencio impuesta por los carteles de la droga a los periodistas, los programas sociales de gobierno no llegan a las comunidades alejadas de las carreteras pues los caminos secundarios se encuentran en manos de las bandas armadas, y hace algunos meses durante la campaña para elegir gobernador, fue asesinado el candidato del PRI. A los ciento cuarentaicinco reos de alta peligrosidad, que escaparon del penal de Nuevo Laredo, se suman a otros doscientos fugados durante este año desde las cárceles de Matamoros y Reynosa. El Jefe de Gobierno del Tamaulipas y el Presidente del Gobierno Nacional se recriminan mutuamente por la responsabilidad en la fuga.

Ordeñando para la muerte

Dos días después, el domingo 19, otra fuga, esta vez de combustible, provocó una explosión que mató a 30 personas y destruyó 115 casas, en San Martín Texmelucan, en el estado de Puebla. El robo de combustible desde un ducto de PEMEX, lo que popularmente se llama “ordeña”, habría generado las condiciones del desastre. La empresa estatal de petróleos de México, tiene una importancia económica, simbólica y política determinante para el estado, constituye el sistema circulatorio de los recursos fiscales. Las organizaciones delictivas que organizan la “ordeña” de los ductos de PEMEX, exportan el botín hasta refinerías en Estados Unidos, y manejan un negocio que alcanza los 1000 millones de dólares anuales, sin que el estado tenga la capacidad de proteger el petróleo mexicano. A propósito del robo organizado en PEMEX, los analistas recordaban que hace algunos años desde una de las plataformas de explotación marina, en una noche, desapareció un helipuerto.

Asesinato en cámara

Tres días antes, el jueves 16, en Chihuahua, Marisela Escobedo, fue ejecutada frente al Palacio de Gobierno, al lado de una cruz donde 300 clavos recuerdan las 300 mujeres asesinadas durante el año 2010 en ese estado, el genocidio más incomprensible y vergonzoso de la América Latina de hoy. El asesinato fue grabado y difundido en los telediarios y redes sociales. En las imágenes se ve como Marisela intenta arrancar cruzando la calle, y un hombre la persigue para dispararle en la cabeza y posteriormente huir en un automóvil. La mujer pedía justicia por la muerte de su hija, cuyo asesino confeso, fue liberado por los jueces.

Mientras se organizaban los funerales de Marisela, fue secuestrado su cuñado y le prendieron fuego a su negocio, una empresa maderera. Horas más tarde fue encontrado ejecutado. La policía descartó alguna relación con la muerte de Marisela. En el caso del cuñado, explicaba la policía, el castigo fue porque se negó a pagar una extorsión, llamada derecho de piso, para funcionar con su negocio. Según las organizaciones de Derecho Humanos, menos del 1% de los crímenes y delitos cometidos en México termina en castigo.

Los políticos también

Mientras tanto, en Ciudad de México, el corazón del antiguo virreinato, el de la política cortesana y conspirativa, dos noticias relacionadas con los políticos impactaron la semana. La primera, el desafuero constitucional del diputado Julio Cesar Godoy. En septiembre, Godoy, buscado por la policía, había logrado introducirse durante la noche al edificio de la Cámara de Diputados, para amanecer ahí, prestar juramento y obtener la inmunidad para protegerse de la acusación de ser miembro de la organización criminal de la familia michoacana. Hoy, el desaforado honorable se encuentra prófugo.

Los diez días terminaron con otra noticia del mundo político: la liberación de Diego Fernández Ceballos, uno de los políticos más emblemáticos e influyentes de México, del partido de gobierno actual, el PAN, ex candidato presidencial que encabezó la oposición a los gobiernos del PRI. El Jefe Diego, como le llaman en México, estuvo secuestrado más de 7 meses, y fue liberado el lunes 21, luego del pago de un millonario rescate.

La imagen cinematográfica de Diego Fernández, fue motivo de transmisiones especiales y grandes titulares que relegaron a notas menores la denuncia de la Cancillería Salvadoreña del secuestro y desaparición desde un tren, en Oaxaca, de 50 migrantes centroamericanos que se dirigían a Estados Unidos. Con una amplia barba crecida durante su cautiverio, que acentuaba su aspecto de Quijote, y unos ojos húmedos por la emoción, Jefe Diego, realizó declaraciones conciliadoras hacia sus captores y agradeció la moderación y responsabilidad de los medios y periodistas en la cobertura de su secuestro.

Desconcierto funcional


En un mundo acostumbrado a los escándalos y excesos de los medios, resulta sorprendente la mesurada narrativa periodística de los periódicos y canales de televisión mexicanos. Los extraordinarios eventos previos a la Navidad fueron tratados como una noticia más, ubicada entre la farándula y el deporte. Los columnistas y editorialistas, dan la nota emocional, se indignan pero no explican, probablemente nadie quiere transformase en mensajero de un diagnóstico que nadie quiere escuchar, menos antes de Navidad. Los senadores y políticos entrevistados abundantemente, tampoco se escuchan demasiado alterados o preocupados. La calma de los medios oficiales, periodísticos y políticos, contrasta con la reacción de los ciudadanos en las redes sociales, donde los mensajes breves y radicales, parecen hacer sonar una alarma que el poder formal no quiere escuchar en toda su magnitud.

En otros países, los hechos ocurridos significarían escándalos y conmociones, destituciones de ministros y gobernadores, y hasta la caída del gobierno. Para que suceda cada uno de esos eventos, se requiere una trama de acciones y decisiones, omisiones y colusiones, que acusa el deterioro de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. Cabe preguntarse si la extensión del narcotráfico es causa o consecuencia, o ambas, del desplome institucional. Sin embargo, el poder central parece tranquilo, parado sobre los restos de un pasado esplendor, con su puesta en escena y magnificencia, que todavía simula un estado que en gran parte del territorio no funciona.

Lamentablemente, lo sucedido en estos diez días no es una crisis mediática, sensacionalista y voyerista, que se olvidará y superará con los regalos, los pavos de navidad, los villancicos y las vacaciones de fin de año. Al contrario, si alguna responsabilidad le cabe a los medios, es la de no dar a conocer y contextualizar la magnitud y profundidad de la crisis, de no sincerar el estado del país. Quizás mantener la ilusión de vivir en el contexto de lo “normal” es un mecanismo de defensa y sobrevivencia propio de cualquier situación humana límite, pero muy peligroso.

Para mejorarse, primero hay que reconocer y diagnosticar la enfermedad. Hacerlo es urgente. El domingo, en Guatemala, el presidente Álvaro Colom, decretó estado de sitio y ocupó con el ejército el departamento de Alta Verapaz, fronterizo con México, para tratar de rescatarlo de las manos del cartel mexicano de los Zetas. El derrumbe del gigante mexicano puede contagiar la región con consecuencias mucho más catastróficas que las de la mediática gripe H1N1.

Radiografía a los diseñadores: comunidad e identidad


Por Mariluz Soto Hormazábal

Los diseñadores, sin diferenciar el ámbito específico de desarrollo, somos profesionales que generamos estrategias visuales, solucionamos principalmente el fondo a través de formas. Las formas no se sustentan sin un previo diagnóstico que nos indica cómo abordar la complejidad y magnitud del encargo. El fondo es lo que apasiona, motiva y permite el fluir de las ideas que serán las que potenciarán un concepto, solucionarán y darán la forma.

En la etapa instructiva los diseñadores desarrollan diversas habilidades inconscientes de observación del mundo, de su propio mundo y en los que transita. Esta inconsciencia al no pasar al estado de conciencia se traduce en un débil manejo y desconocimiento de la secuencia de acciones que concluye en las creaciones.

Diseñar propuestas debe ser el resultado de un proceso creativo, mucho más complejo e integral que dibujar, bocetear, mirar en internet o generar productos; asumirlo desde esta perspectiva es un valioso activo estratégico que fortalece y potencia la identidad del diseñador. Este es un factor significativo del agotamiento y distanciamiento de la comunidad de diseño.

Adquirir conciencia
El desarrollo de una metodología para los procesos y planteamientos de nuestro hacer es un camino necesario para mejorar la creación de piezas gráficas, productos, vestuarios, digitales, multimedia, estos son consecuencia de un know how, una serie de conductas aprendidas en la historia y experiencia. Explicitar el conocimiento, desarrollo y realización es necesario para evidenciar y valorar el “diseñar”, de lo contrario la participación en proyectos se transforma en arte e inspiración profesional “arbitraria” provocando el alejamiento con los científicos, médicos o ingenieros. La falta de rigor desvaloriza al profesional frente a otras disciplinas.

La capacidad creativa se modela, en las escuelas de diseño nos entregan las primeras herramientas para el desarrollo de un pensamiento creativo y activo. Pensar en el proceso, en los referentes y en las acciones. Asociar las herramientas tecnológicas que ayudarán en el proyecto, cuál es la conceptualización, a quiénes nos dirigimos y lo más importante qué es lo que queremos comunicar. Estas asociaciones adquiridas  permiten que los profesionales del diseño desarrollen la capacidad y habilidad para llegar a ser lo que desean.
En un primer momento somos parte de la comunidad de diseñadores –como muchas otras carreras- por el sólo hecho de formarnos en la universidad. Pero la pregunta es qué es los que nos mantiene en ella, cómo contribuimos a su desarrollo desde nuestro trabajo. El desafío es pertenecer activamente, con un pensamiento reflexivo, con la conciencia de que somos responsables de la calidad visual de nuestra comuna, ciudad, región, país y de lo que Chile proyecta al mundo.

Una comunidad de diseñadores debe ser una constante generadora de ideas, creativa y con capacidad de mirar mucho más allá de los horizontes convencionales. Los diseñadores son los responsables de formar una comunidad que los acoja y refleje en su intensidad de pensamientos y profundidad conceptual. Una comunidad se determina por quienes la habitan. Los seres humanos aprendemos de la interacción con otros, necesitamos estar en contacto y en movimiento. Debemos participar, opinar y “estar” para construir y configurar la comunidad a la que queremos pertenecer.

Autopercepción y proyección
Tener claro cuál es el estado actual nos permite vislumbrar algunos datos que son relevantes en cuanto a los factores que influyen en nuestro estar, hace poco un estudio de futuro laboral reveló que diseño es de las 10 carreras peores pagadas en Chile, un indicador preocupante que en lugar de movilizarnos, contribuye a degradar el hacer y la emoción del diseñador, mantiene las pautas económicas  y nos dificulta ver más allá.
En la encuesta realizada hace pocas semanas con la colaboración de la Fundación de la Comunicología, la investigación y la información solicitada iba más allá de los números, tener un panorama sobre el sentimiento-diseñador es tan revelador como su estado económico. Los parámetros de medición económica puede mejorar con el fortalecimiento de la autovaloración. Acercarnos, conocernos y reconocernos es el paso inicial para comenzar a construir.

Los diseñadores están conscientes de su potencial creativo, su autopercepción es de mayor flexibilidad y adaptación que otros profesionales, valoran la capacidad de ajustarse a escenarios cambiantes e inseguros. Reconocen que su trabajo es importante dentro de las organizaciones en las que trabajan o para sus clientes.
Las debilidades apuntan a la inseguridad, la poca valoración del entorno y la falta de rigor. Muchas carencias en el manejo de su propia imagen y de autogestión. Un gran distanciamiento en lo que se piensa y hace: el valor agregado del trabajo del diseñador es visible pero no saber gestionar su propia imagen mantiene aquel valor oculto de los ojos del cliente o el empleador.

Destacar como fortaleza y oportunidad, el interés por mantenerse actualizado, desde la vinculación en redes sociales orientadas al diseño, la participación en diferentes sitios o portales y revistas. La mayoría de los encuestados manifiesta poseer espíritu de auto superación e interés por adquirir más conocimientos a través de especializaciones o nuevas herramientas que les entreguen un movimiento diferente dentro de la comunidad.


Identidades y comunidad
Como se ha explicado, la identidad de los  diseñadores tiene muchos aspectos prometedores y constructivos; identificar y tener claras las debilidades, es un paso importante para comenzar a proponer soluciones. La comunidad de diseñadores está en rediseño, debemos mirar nuestra comunidad nacional y mirar otras, ¿qué está pasando más allá de nuestra geografía?

En la trienal de diseño de New York se distinguieron 8 puntos importantes que de alguna manera orientan el diseño de nuestro tiempo: energía, movilidad, comunidad, materiales, prosperidad, salud, comunicación y simplicidad. Todos con un fuerte énfasis en las personas y a la vida en comunidad, como hacerla más saludable corporal y espiritualmente. Por otro lado, en el encuentro internacional DMI, que se realizó este año en Londres, el fortalecimiento del diseñador desde la gestión, la educación y la investigación fue el tema principal. Estas dos visiones de la preocupación del diseñador hacia fuera y hacia dentro, es lo que nos entrega una visión de colaboración permanente hacia la humanidad.

Estas señales de otras comunidades de diseño son importantes. Nos entregan ideas de visión y proyecciones, de las necesidades de actualización. Los diseñadores tenemos que  adaptarnos a escenarios cambiantes y mantener la flexibilidad de aprender nuevas formas para entregar calidad.

La mayoría de  los diseñadores tenemos autopercepción y autovaloración comunes, al mismo tiempo que nos sentimos con muchos desafíos y oportunidades, nos da temor el cambio, pero no por falta de capacidades, sino porque no contamos con un respaldo o seguridad para pararse en el mundo y hacer valer nuestros conocimientos y experiencia como procesos valiosos y sustanciales.

Dejo aquí la invitación a seguir creciendo, a hacer comunidad y a participar en ella. Propongo mantenernos en constante autoanálisis y hacer explícitos nuestros procesos creativos, propongo trabajar en conjunto y compartir, dejar el celo y envidias para construir. Propongo ir más allá de las formas para preocuparnos del fondo, y asumir que somos responsables de la calidad actual de diseño. Si no proponemos y actuamos no podemos cambiar.
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