martes, 6 de julio de 2010

Comunidades virtuales, ¿nuevas formas de construir colectividad? *





Por Marta Rizo García


Es un hecho que los procesos de comunicación se están modificando; pero también es un hecho que la llamada comunicación masiva –con medios como la televisión y el radio, fundamentalmente- sigue muy anclada a la realidad social actual. No por ello, sin embargo, pierde sentido debatir acerca de las nuevas formas de ser y estar –y por tanto de las nuevas formas de comunicarnos- que promueven los espacios virtuales configurados por la red de redes, el Internet. Si tomamos en cuenta el sentido etimológico del término “comunidad”, tenemos que proviene de la voz latina communis, que deriva en cum (con, conjuntamente) y munus (carga, deuda). De ello, se puede inferir que la comunidad remite a una relación social caracterizada por obligaciones mutuas. Otro sentido del término communis está ligado a la noción de comunión, al acto de compartir y de situarse en conjunto. Este otro sentido aproxima el término comunidad al de comunicación. Toda comunidad requiere del establecimiento de una red de vínculos e interacciones y relaciones entre sujetos; requiere también de la gestación y mantenimiento de un sentido de pertenencia y de la realización de acciones colectivas impulsadas por los miembros de dicha comunidad.

En la actualidad, la noción de comunidad “ha sido privilegiada para dar cuenta de la gama de espacios sociales y técnicos que emergen de las redes informáticas, permitiendo a los individuos interactuar y encontrarse de distintas formas” (Siles, 2005: 56). Vale la pena retomar la distinción entre el uso coloquial del concepto comunidad y su significado etimológico –procedente de communis, común-. Muchos autores afirman que una comunidad no se refiere tanto al espacio físico en el que sus miembros interactúan, sino más bien a la cualidad de estas congregaciones de compartir objetos en común.

En sentido estricto, no puede hablarse del fin de los tiempos de lo masivo, pero sí de un escenario comunicativo modificado por el surgimiento y consolidación de nuevos dispositivos de información y comunicación radicalmente distintos –sobre todo en la relación que establecen con los usuarios, muy distantes y distintos a las audiencias pasivas anteriores- a los medios anteriores que, sin duda, todavía se mantienen con fuerza.

¿Qué sucede cuando las comunidades se relacionan en un espacio virtual y no físico? ¿Qué nuevas formas de comunidad se crean en estos nuevos entornos tecnológicos? Howard Rheingold fue el primer autor en usar la palabra comunidad virtual, y la definió como el conjunto de “agregados sociales que surgen de la Red cuando una cantidad suficiente de gente lleva a cabo estas discusiones públicas durante un tiempo suficiente, con suficientes sentimientos humanos como para formar redes de relaciones personales en el espacio cibernético” (Rheingold, 1996: 20). En esta definición es importante prestar atención a los conceptos de lo público, la suficiente cantidad de personas y la formación de redes de relaciones, tres de los requisitos básicos para la existencia de las comunidades, que al tener presencia en dispositivos tecnológicos modifican las relaciones humanas y se desterritorializan, es decir, se dispersan geográficamente. En otros términos, “la comunidad se desterritorializa e individualiza, se convierte en una red de relaciones sociales significativas que pueden ser muy dispersas geográficamente” (Ninova, 2008: 302).

Hablar de comunidades virtuales requiere, antes que cualquier otra cosa, tener claridad en torno a lo que entendemos por virtualidad, un término que ha dado lugar a múltiples definiciones. El término virtual proviene de la voz del latín medieval virtualis, un derivado de virtus, que significa fuerza, poder. Lo virtual serviría, así entonces, para designar lo que no es sino fuerza o en potencia, lo que es real pero no actual, nos dice Deleuze (1996). Por otra parte, según Philippe Quéau (1993), virtual viene también de vertu, que significa poder o calidad, lo cual lo lleva a establecer un enlace entre virtual y virtud. Hay muchas formas distintas de concebir a lo virtual, pero todas ellas comparten el considerar que la naturaleza de lo virtual se puede definir como “la generación tecnológica de un entorno de percepciones y experiencias en el que es posible la interacción, es decir, es posible modificar el entorno en función de los estímulos y las respuestas que se van produciendo” (Núñez, 2008: 210). Siguiendo a Siles, “lo virtual es a lo real lo que la copia es a lo original: un reflejo, una representación o una reproducción a veces fiel y a veces rebelde. Esta aproximación está basada en una posición teórica de representación según la cual lo virtual está subordinado a la entidad original de lo real. Las dos formas esenciales son inmutables y separadas la una de la otra: lo virtual no es sino una pálida imitación de lo real. En ese sentido, lo virtual degrada necesariamente lo real: en palabras de Baudrillard, lo virtual sería un ‘simulacro’ o un ‘doble’ de lo real” (Siles, 2005: 60). Como simulacros de lo real, así, las comunidades virtuales son una especie de copia de las comunidades reales. Desde esta óptica, se puede afirmar que el grupo de personas que interactúan en las comunidades virtuales lo hacen de forma ficticia, de modo que se degradan las relaciones interpersonales cara a cara. Hay autores que consideran que las comunidades virtuales son simulaciones de los encuentros cara a cara, y por ello, pueden ser consideradas como representaciones aparentes de los encuentros reales. Esto último pone el acento en un debate que aún permanece sin respuesta: ¿es contradictorio hablar de comunidad virtual en tanto la idea de comunidad requiere de lealtades a largo plazo y de contactos cálidos afectivamente hablando? Como afirman Proulx y Latzko-Toth (2000), si las comunidades, por definición, consisten en relaciones sociales entre un grupo de personas cercanas en un espacio geográfico determinado, resulta paradójico asociar el término comunidad al adjetivo virtual, que remite a la abstracción y la simulación.

Todo tema polémico genera visiones encontradas que, a menudo, no hacen más que simplificar el debate. En este caso, existen visiones apocalípticas e integradas, o tecnófobas y tecnófilas, respectivamente. Desde un punto de vista optimista, hay autores que consideran a las comunidades virtuales como liberadoras: “lo virtual se convierte en una resolución de las imperfecciones de lo real. Por medio de lo virtual, el individuo es capaz de realizar –o de actualizar- los potenciales latentes del mundo” (Siles, 2005: 61). Según esta perspectiva, lo virtual sería complementario y suplementario de lo real, y nunca degradatorio. En la misma línea se sitúa Rheingold (1996), para quien la comunidad virtual es un espacio liberador para sus miembros, una alternativa ante las imperfecciones del mundo, un medio de igualación de las diferencias y de emancipación de las minoridades sociales, capaz de revitalizar la esfera pública.

En el otro extremo, estarían aquellas visiones negativas que consideran que la comunicación cara a cara está desapareciendo por el papel cada vez más importante que juegan las tecnologías de información y comunicación (TIC). Pero, ¿puede desaparecer la esencia del ser humano, es decir, la comunicación? Nada más alejado de la realidad. Ello no significa que, efectivamente, la comunicación interpersonal esté sufriendo cambios constantes, pero de ahí a considerar que va a desaparecer, hay un trecho muy amplio que debe hacer repensar estas visiones tecnófobas.

En las situaciones de comunicación por medio de las TIC no le damos tanta importancia al contexto físico, elemento fundamental en la comunicación cara a cara. El concepto de conexión, vinculado al de interacción, modifica incluso la concepción de la persona, hasta considerarla como un ente portátil. Lo anterior queda claro en la siguiente afirmación: “No necesariamente tenemos que estar fijados en un lugar para comunicarnos con otros, el contexto físico se vuelve menos importante. Las conexiones son entre personas y no entre lugares, así la tecnología proporciona un cambio: conectar las personas estén donde estén. Las personas se vuelven portátiles, pueden ser localizadas para interacción a través de la tecnología en cualquier lugar. De este modo, la comunicación persona a persona se vuelve central y apoya la desfragmentación de los grupos y las vecindades” (Ninova, 2008: 303).

Las pérdida de espacialidad y temporalidad ha sido concebida por otros autores como causante de la pérdida de la intersubjetividad y, al fin y al cabo, como pérdida del sujeto: “El hombre no es tal sin el ser-con-los-otros, es decir, sin reconocer y ser reconocido por los demás, sin interpelar y ser interpelado, sin la interlocución que implica comunidad” (Herrero, 2008). Lo que antes era concebido como un uso del tiempo en relaciones e interacciones cotidianas cara a cara, y con gran presencia de lo público como escenario, hoy parece diluirse en nuevos espacios para las relaciones humanas. Espacios que no deben concebirse como promotores de la soledad y el aislamiento de las personas: “se ha exagerado el aislamiento al que puede conducir el uso de estas aplicaciones. Como si en la interacción cara a cara, en las relaciones tradicionales en las que se comparte el espacio físico, no existiera la soledad o el aislamiento” (Valiente, 2008: 3).

La reflexión sobre las comunidades virtuales debe ir indisociablemente ligada a las preguntas sobre las formas de relación cotidiana que estas comunidades traen consigo. Los sujetos, a lo largo de la historia, han construido diversas formas de relacionarse y de crear grupos y colectividades. La novedad, ahora, es que estas posibilidades se están ampliando: “La comunicación online amplía el alcance de las redes, permite mantener y fortalecer más relaciones” (Ninova, 2008: 304). Como las redes sociales en el espacio físico, las redes sociales en internet permiten la relación personal entre sus miembros y construyen nuevas formas de organización. Es decir, los cambios en los escenarios comunicativos están propiciando nuevas formas de comunicación, mas no están haciendo desaparecer la esencia comunicativa del ser humano, que sigue comunicándose cara a cara con sus semejantes.

Más allá de situarnos del lado extremo de los tecnófilos o los tecnófobos, consideramos que debemos asumir una postura reflexiva frente a estas nuevas formas de comunicación que presenciamos actualmente. Pensarlas implica generar nuevos conceptos o re-definir los ya existentes. Las comunidades reales no van a desaparecer ante la cada vez mayor presencia de comunidades virtuales, más bien ambas se alimentan mutuamente. Preferimos pensar, entonces, que las comunidades virtuales representan una nueva manera de concebir –y sobre todo de vivenciar y experimentar- las relaciones sociales.


* Extracto del artículo “Comunidades virtuales y nuevas formas de construir colectividad. Aportes teóricos para pensar la comunicación pos-masiva”, presentado para su evaluación y posible publicación en el Libro Colectivo de la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación (AMIC) en su edición del año 2010.

Marta Rizo García
Universidad Autónoma de la Ciudad de México

lunes, 28 de junio de 2010

Personas y mundos en el diseño


por Mariluz Soto Hormazábal

¿A qué nos referimos con mundo? A partir de la conferencia de Mauricio Tolosa, “El profesional de las comunicaciones en el fin del mundo” que dio en el contexto del día del Relacionador Público, se visualizan dos distinciones de mundo, una desde el punto de vista geográfico y de nuestro entorno más cercano, las comunidades con las que interactuamos a diario.
Nuestros entornos más cercanos, son nuestros mundos, identificamos las distintas comunidades a las que pertenecemos en distintos niveles o grados de participación tanto en ámbito social, educacional, emocional, espacial o profesional.

Así como, la proyección de la familia es la sociedad, nuestros mundos personales son la proyección del mundo entero, y se ven enfrentados a distintas situaciones comunicacionales, en la que varia la magnitud, pero no el impacto dentro de la comunidad, escenarios dinámicos, capacidad de enfrentar problemas comunicacionales, interacciones con diversos productos y actos comunicacionales, y la relación que con ellos se establece, son algunas de las situaciones cotidianas.

La manera en que nos movemos dentro de nuestro o nuestros mundos es la proyección de cómo nos relacionamos hacia el exterior… es a partir de pequeños mundos que se puede ir trasformando, configurando y reconfigurando desde lo parcial a lo total.

Desde mi mundo del diseño, diseño nacional, local y emergente, es que observo al mundo y analizo como es el estado actual, como se va formando y evolucionando nuestro estar “diseñadores jóvenes” como forjadores de un futuro que debería ser de vanguardia, prometedor en propuestas y con un cambio tanto a nivel conceptual como práctico.

Enfrentamos el desafío de mejorar el diseño nacional, mejorar en el sentido de renovación, de la capacidad de observación y aplicación de nuevas metodologías y herramientas que van fluyendo en innovación, en digitalización, en “hacer la diferencia” dentro de los avances actuales, en como se funde la tradición con la modernidad, como enfrentamos el futuro cercano y lejano, para consolidar una mirada consistente y lo suficientemente flexible para mantenerse en constante adaptación.

Al contrario del enorme desafío que se presenta en el párrafo anterior, la actitud y el desenvolvimiento de los “diseñadores del futuro”, es una excesiva desmotivación, baja autovaloración, preocupación desmesurada por el reconocimiento económico, las expectativas siempre son muy grandes comparado a lo que realmente se obtiene. Estas son las emociones instaladas y es “vox populi” en un profesional del diseño.
Mirándolo desde esta perspectiva, nuestro mundo joven del diseño se presenta inseguro, triste y de gran desilusión.

¿Pero que hacemos para el gran anhelado cambio? Lejos de la eterna critica a las escuelas de diseño, lo que es a nivel nacional e internacional, depende principalmente de cada persona, de cada profesional que se forma, y de no crear visiones erradas.

Esto se observa en la baja participación en foros, sitios Web, actividades que promueven el conocimiento y necesidad de aprendizaje constante. La interacción con otros profesionales o estudiantes permite validar los conocimientos adquiridos, vincularnos con otros profesionales que pueden complementar nuestros “haceres creativos” aporta una nueva dimensión de exploración que genera mejores resultados, diferenciadores y que abren nuevos nichos que son, sin duda, aportes al crecimiento y valoración de la profesión.

La crítica es generalizada, profesionales en que la búsqueda laboral no prospera o que la desilusión por la inexperiencia en la búsqueda los lleva a trabajos que no cumplen con sus expectativas… la pregunta es… ¿qué están entregando? ¿Qué diferencia y factor diferenciador entregan a aquellos empleadores que buscan mejorar sus empresas? Este debería ser el punto de partida, el autoconocimiento, la capacidad de autoanálisis y de una sincera autovaloración, es lo que puede marcar la diferencia a la hora de buscar un empleo. Estos aspectos son claves en determinar nuestro mundo de posibilidades laborales.

Debemos entregar una propuesta inteligente e innovadora, no basta sólo con bocetos gráficos, sino que mostrarnos “diseñadores” desde una propuesta personal, un compromiso que forma la identidad como profesional, es lo que nos determina dentro de nuestros pares y mundos.

Junto con la propuesta es asumir la gran responsabilidad de ser parte del diseño del mundo, desarrollando habilidades comunicacionales que nos permitan vincular y vincularnos, que permita la interacción de nuestros productos como nuestra propia interacción, apropiarse de una actitud participativa porque en todo ámbito se requieren distintas visiones, distintos criterios que van formando objetivos, metas y compromisos con mayor amplitud y cada vez más cercanos a la realidad de los mundos que convergen en un mundo país, por ejemplo.

Los diseñadores, somos parte de la comunicación con el diseño de diversos productos comunicacionales, hacemos posible la interacción entre comunidades, desarrollamos identidades personales y corporativas, diseñamos pequeños mundos. Así como en la comunicología el centro son las personas, para el diseño también lo es, no se requieren bellos productos, sino que permitir la comunicación a través de productos que faciliten, potencien o generen acciones. Los productos son sólo adornos si no cumplen con generar una relación con ellos, la experiencia usuario y su exploración.

lunes, 10 de mayo de 2010

Comunicación virtual no es siempre comunidad virtual

Por Mariluz Soto

Las redes virtuales, utilizadas por la mayoría de las personas que diariamente navegan por internet, son un medio de comunicación rápida que contribuye con la propagación, difusión y posicionamiento de una persona, producto o institución. Veloz expansión y creación de nuevas herramientas virtuales, acelerado crecimiento dependiendo de la inversión de tiempo destinado a ello y del movimiento que se genere dentro de las comunidades.
Circulan muchos nuevos conceptos asociados a las redes virtuales, adaptando los existentes a esta nueva o no tan nueva forma de comunicación. Nuevas son las denominaciones que se les ha atribuido a los comportamientos o acciones que ocurren dentro de las comunidades virtuales.
Los conceptos que se asocian a estos comportamientos y crecimiento de las redes, explican y vinculan la comunicación entre las personas a través de un ordenador, los que permiten que las plataformas de interacción se transformen en un macro producto comunicacional contenedor que genera la instancia de relación que identifica y representa a un determinado sujeto o grupos de personas.

Macro producto comunicacional virtual
La permanencia y vida de una comunidad virtual depende del desempeño y movilidad de los actores identificados con roles principales, uno es el creador de la comunidad que será quien articula y gestiona, contenido y acciones, y otro son los miembros de la comunidad que son quienes dan interacción, comunicación y tejen las acciones e intercambios claves para su conformación. Los creadores de estas comunidades virtuales son quienes proponen y establecen objetivos comunes para que tenga la trascendencia esperada, los usuarios deciden pertenecer o no.
Las comunidades virtuales no dependen de la idea concebida de los creadores o de quienes dan esta denominación a las plataformas de interacción, las que aunque tengan las herramientas e interfaz 2.0 necesarias para que esta ocurra, si la comunicación entre los participantes no es lo suficientemente solida e interconectada, no se constituirá la comunidad. Es fundamental el rol del creador, debe convertirse en gestor de comunidades virtuales, con manejo en herramientas 2.0, conocimiento del comportamiento del usuario y como mantenerse en constante mejora digital para entregar óptimo servicio y dedicación a los miembros de su comunidad. Dentro de los conceptos claves, no está incluido algún tipo de medición que permita establecer cuáles son comunidades y cuáles no.
Desde este punto de vista de cómo se conforman las comunidades, facebook, no es una comunidad virtual o una red social, es una plataforma de interacciones 2.0 que permite eventualmente la comunicación entre personas mediante un medio digital y que según su utilización se puede convertir en albergue o centro de distintas comunidades virtuales. Es así como los grupos, que utilizan esta plataforma masiva, son creados con el fin de conformar una comunidad. Las personas que utilizan facebook como un medio de comunicación, generador de contenido y de hacer interactuar a sus “amigos”, permiten que estos se conozcan, debatan e instalen diálogos enriquecedores para ampliar visiones y enfoques, en este caso es posible que se genere comunidad. Con esto enfatizamos que no se crean comunidades solo por el rótulo de “comunidad virtual”, se requiere interacción, comunicación y objetivos colectivos entre las personas.
La confusión se origina, desde mi punto de vista, en los términos que se han dado a distintos tipos de adhesión a las páginas, blogs o grupos. Las expresiones utilizadas como “unirse a un grupo” es mas comunidad que “seguir un blog” y “ser amigo”, este último no es precisamente conformarse como un grupo de personas con iguales objetivos compartidos sino que depende netamente del uso que se dé, en este caso, a facebook. En cuanto a la comunicación que se genera en estas diversas plataformas tanto en amistad, seguir, fans o en otros casos de lectores anónimos es una forma de hacer públicos los gustos, preferencias, emociones, sentimientos o simplemente una forma de dejar un saludo. Utilizando las opciones 2.0 que entregan las plataformas es posible, comentar, marcar como favorito, compartir, etc. generando una comunicación en la interacción o lo que propio emisor quiere dar a conocer sobre un tema o sí mismo. Evidenciando la necesidad de comunicar, de ser escuchado o, en este caso, leído.
Una comunidad siempre requiere personas que interactúen y que se relacionen. En internet, como soporte, la interacción ocurre con diversas herramientas 2.0 que han hecho posible respuestas en tiempo real y que posee funciones que se asemejan a actos humanos. Este intercambio de acciones se lleva a cabo con productos comunicacionales digitales creados y desarrollados para este fin. Todo este movimiento puede generar o se puede producir en una comunidad virtual, la cual se cobija y alberga en una plataforma tecnológica, la que consideramos macro producto comunicacional porque su diseño, creación, tratamiento y utilización propicia un espacio para generar interacción entre personas – usuarios- y desarrollo de comunidades, las que en este medio son virtuales

Productos comunicacionales virtuales
Los productos comunicacionales enriquecen y facilitan la comunicación e interacción entre los participantes de una comunidad. En el caso de la utilización de los medios digitales, se desarrollan similares productos con los que interactúan las comunidades humanas pero con mayores posibilidades de velocidad en la expansión, economía y de disposición de un espacio común para la difusión de estos.
En los productos comunicacionales digitales, la identidad es tan clave como en las comunidades humanas, en la virtualidad va desde el avatar hasta piezas graficas y la comunicación se concibe a través de medios estáticos o dinámicos. Estos últimos aumentan las opciones de entendimiento considerando la percepción de las personas y la facilidad de comprender mensajes a través de la entretención del movimiento, siendo una de sus fortalezas.
La vinculación de los productos sustenta la estabilidad y permanencia del macro producto comunicacional, provoca la constante mejora del servicio y de las funciones de la plataforma tecnológica. Vincular los productos permite mantener la coherencia entre cada uno de ellos y aumentar el sentido de pertenencia.
Al igual que los macro productos, los productos comunicacionales asociados a una comunidad virtual deben contemplar un constante análisis para una mejora permanente en los parámetros determinados que establecen procesos de comunicación e interacción efectivos. Establecer métodos de medición e identificación de las posibilidades de mejora es clave para que una comunidad virtual pueda evaluar cuáles son los recursos tecnológicos que requiere potenciar o implementar tanto a nivel de macro productos como de productos comunicacionales.

domingo, 2 de mayo de 2010

Carolina, los escupos y la comunicación



Por Mauricio Tolosa
Aterrizando en Chile me encuentro con Carolina Tohá, en primera página de “El Mercurio”, insultada y escupida en un Primero de Mayo.
Tantas otras  imágenes se me vinieron a la memoria. De golpe, la de muchos “Primero de Mayo” en que estuve en la calle, en alguno codo a codo con la misma Carolina, celebrando el día de los trabajadores y esquivando a la policía de Pinochet. Luego la inolvidable noche del triunfo de la Fuerza de Cambio en las elecciones de la FECH, en la Escuela de Ingeniería, en la que algunos exaltados del “MDP” nos tiraron botellas y otros objetos cuando íbamos saliendo, protegiendo a la entonces emergente líder nacional Carolina.
Las botellas y los escupos están instalados desde hacer rato en la política chilena, en la convivencia nacional. Quizás uno podría justificar que son el eco lejano de los asesinatos, las desapariciones y las torturas que asolaron Chile, especialmente, al movimiento político y ciudadano durante tanto tiempo. Hoy la virulencia, la descalificación, los escupos, son el lenguaje más común en las redes sociales chilenas cuando alguien realiza un planteamiento político o una crítica, los fanáticos de distinto sello no pierden oportunidad para externalizar el vomito del insulto.
Por eso mi primera reacción ante la agresión a Carolina, mi antigua y distante amiga, es de apoyo. Si a fines de los setenta, me comprometí en la lucha contra la dictadura, como tantos otros “adolecentes inconscientes”, arriesgándolo todo y sin pedir nada a cambio, fue principalmente  porque quería vivir en un país donde leer un libro, escuchar una canción o emitir una opinión o ser diferente, no fuese motivo de sanción, detención, tortura o agresión, por parte de nadie.
Hoy, Chile avanza con anteojeras hacia una crisis enorme en su desarrollo estructural y humano. La ceguera de la clase política y dirigente del país, el interés por la política y el negocio de corto plazo, la debilidad de las instituciones y la mediocridad de los medios de incomunicación tienden un velo que nos impide ver la magnitud y dificultad de los desafíos. 
Construir el respeto y la valoración de la diferencia, la capacidad de conversar, expresar y escuchar, de abrirse a nuevas ideas y planteamientos es el primero de los desafíos. La comunicación, es primero.

martes, 13 de abril de 2010

El aborto, como mirarlo?


Por Francisca Aguilar


Cuando tomamos el tema del aborto para educar a las personas sobre su significado, consecuencias y en otros casos, beneficio, es importante entregar las herramientas que lleven a las personas a elegir o decidir qué es lo mejor para ellas, independiente del marco de creencias que las sociedades, países o juicios existan sobre el tema.
Al investigar nos damos cuenta que su legalidad y el carácter de ella se relaciona con el devenir diario de un país. Existen comunidades que presentan una sobrepoblación que les impide integrar un hijo más al grupo familiar, ya que sería un ente desestabilizador de la propia economía. En otros espacios mundiales donde la tuberculosis, VIH-Sida y la malaria son enfermedades que inciden en la mortalidad infantil, también conducen y determinan la planificación, el deseo y/o el control de la natalidad por parte de las mujeres.
Actualmente la mujer vive un despertar que en Latinoamérica y hace algunas décadas en Europa, las ha conducido a fortalecer y trabajar por la realización de su proyecto profesional. Este hecho ha determinado fuertemente las “pocas ganas” de ser madres.
En otras realidades donde las posibilidades parecen ser escasas, donde educarse es un privilegio y el tener un trabajo también, la llegada de un hijo sería aún más complejo.

El aborto como acción surge a partir de un individuo que no desea ser “madre” o “padres”. En ella o en ellos no existen las ganas de transformarse en personas que puedan ser parte de un proceso de creación, formación e independencia del humano que como hijo darán al mundo.

Para entender un poco más, diremos que el aborto es la interrupción de la vida en su proceso de gestación; es cuando el “ser” que crece en el vientre de una mujer/madre no llega a nacer. Existen diversas razones del porqué dicho proceso no llega a su fin, sin embargo, la mayoría de las veces su intervención o interrupción ocurre desde la acción directa o indirecta de una persona, sea este médico, la propia madre, una partera, algún químico o quizás una operación quirúrgica.

Si bien los abortos no solo se producen por la intervención de la mano del hombre sino de forma natural o lo que se conoce como “aborto espontáneo”, debiéramos de preguntarnos: ¿Por qué no desear un embarazo?:
1. Porque soy escolar
2. Soy muy joven
3. Estoy sobre los 40 años
4. Por no contar con los recursos económicos
5. Tener una salud compleja
6. Por no tener contemplado ser madre
7. Porque fui violada
8. Porque no quiero ser madre soltera
9. Porque mi cultura vive una sobrepoblación
10. Porque existen muchas enfermedades
11. Porque me falló el anticonceptivo
12. Quiero realizarme como profesional
13. Porque tengo SIDA
14. Porque soy adicta
15. Porque mi hijo viene enfermo

Estas 15 razones, que podemos entender como distinciones, nos permiten ampliar nuestro entendimiento y meditar el motivo que conduce a un individuo a finalizar con la vida de “otro” ser humano. Ciertamente esta es una de las múltiples formas de ver y reflexionar sobre el aborto, las otras pueden surgir de esas 15 o más razones que llevan a una persona a tomar esa decisión, sea esta la madre, su familia, la cultura, la religión, la sociedad, su pareja, el marido, etc.

Para entender el tema, es importante hacernos preguntas y ver qué respuestas construimos en conjunto. La idea es ver más allá de nuestro campo de valores, prejuicios o limitantes socioculturales y hacer el intento de reconocer la práctica del aborto como una de las acciones que en nuestra región se realizan con mayor frecuencia de lo que revelan las cifras. Ejemplo de ello es lo que sucede en América Latina, donde las cifras oficiales del aborto difieren de las reales producto de la legalidad e ilegalidad del proceso en algunos países.
En América Latina y el Caribe, alrededor de cuatro millones de mujeres se realizan un aborto del tipo inducido cada año. De ellas, un millón 400 son brasileñas, y se estima que una de cada mil muere por causa del aborto desarrollado en lugares clandestinos. (ver artículo)
En el mapa de colores que se adjunta, aparecen las diversas situaciones que viven los países del mundo en relación al aborto. Allí se indican los parámetros y límites que permiten o no permiten su realización. Chile, Nicaragua y el Salvador, son los únicos países en el planeta que -según dicho mapa- no permiten el aborto en ningún caso. Observar imagen:

Si observamos, uno puede distinguir que tanto las naciones desarrolladas, como las que están bajo la línea de la pobreza a nivel mundial -donde gran parte de los habitantes están expuestos a enfermedades contagiosas- y que, además, cuentan con una sobrepoblación, integran el aborto como posibilidad.

Si bien la razón más clara del aborto es el “no deseo” de engendrar un niño. También sucede que en la actualidad las niñas comienzan su vida sexual a muy temprana edad, por ejemplo en Chile se estima que comienzan a los 15.5 años promedio. A lo anterior se suma la falta de conocimiento sobre el manejo de los anticonceptivos.

Paralelamente, los números señalan que en América Latina las cifras aumentan no solo por los abortos realizados sino por un tema aún más complejo y que se relaciona directamente con la mortalidad de las mujeres a partir de dicha práctica, en especial cuando utilizan vías clandestinas. Las cifras oficiales señalan que las muertes suman alrededor de cuatro mil 760 muertes oficiales en la región, sabiendo que los dígitos reales suman cerca de 10 mil en total.

El aborto es un tema que requiere meditación, observación, empatía y decisión, sea en contra, a favor o de indeferencia pura. El aborto no concluye con nuestras creencias o absolutismos, requiere de entendimientos, de informaciones, antes de condenar como si pudiéramos hacerlo…es un tema amplio y que requiere de la misma actitud para conversarlo.

martes, 30 de marzo de 2010

Vínculos y relaciones




Por Ricardo Higuera Mellado


Una madre y su hija se acarician y se ríen en una complicidad única. Como si lo hubieran acordado secretamente, deciden olvidarse del ajetreo y del calor que caracteriza ese viaje en el metro de Santiago –en un verano que se resiste a terminar- y se lanzan en un juego en donde las sonrisas coronan la fortaleza de un vínculo que parece irrompible. La madre acaricia su cabeza y juega con el pelo que cubre, en dos moños, las orejas de su retoño. Toma su cara, aprieta suavemente sus mejillas, le habla despacio –casi susurrando- y en lo que parece el chiste más divertido que su hija haya escuchado jamás, la niña estalla en una carcajada tan estridente y contagiosa que no logra mantenerse de pie. Se arquea para contener una felicidad que quiere escapar de su estómago, de sus manos, de su cuerpo. Su cara se vuelve roja y sus pequeños ojos se humedecen hasta que una pequeña lágrima se escapa y cae por su mejilla derecha. Con las palabras entrecortadas, le pide a su mamá que no siga, que se calle un poquito –se pone un dedo sobre los labios, pidiéndole silencio-, mientras intenta recuperar el ritmo acostumbrado de su respiración.


El tren avanza dos estaciones más y del abrazo que las lleva entre túneles, personas, conversaciones y estímulos visuales, esta vez es la niña quien decide actuar. En lo que pareciera un secreto –quizás el más importante de la vida, por la seriedad con la que se acerca-, se aproxima a su oído de su madre, le dice un par de frases y en menos de cinco segundos, de la boca de su progenitora sale una explosión del sorbo del agua mineral que, inocentemente, bebió mientras puso atención las palabras de su hija. Nuevas carcajadas y una vez más, en esa sincronía, logran levantar un mundo privado, íntimo, un espacio en donde existían sólo ellas, con sus códigos, con su lenguaje, con su forma de relacionarse, con su manera de insertarse dentro de un espacio que se muestra tan ajeno e impersonal como ese medio de transporte.


Los vínculos que se dan a lo largo de nuestra vida, sumados a nuestras experiencias, estructura biológica, juicios, prejuicios y desarrollo psicosocial, son los que nos ayudan a construir nuestra identidad. Se transforman en un elemento clave, una base desde la cual nacen las conductas futuras y son un elemento central en la constitución de la personalidad de los seres humanos. Los vínculos, a juicio de expertos, se manifiestan de forma inconsciente y están presentes –se quiera o no- en la vida de hombres y mujeres. Tienen su raíz en la emocionalidad y se materializan en la conjunción de una emoción y otra o en el cruce de una emoción y un significado.

Un segundo paso en esta cadena está dado por la relación, concepto que cobra vida en distintos grados y que podría describirse como una manifestación de las múltiples aristas que surgen desde ese vínculo más puro, desprejuiciado, libre de calificativos. Las relaciones se van construyendo sobre la base de las experiencias que se viven en conjunto, de los acuerdos que se alcanzan, de los desacuerdos que rompen conversaciones, de las ideas, de las declaraciones, de los objetivos comunes, de las creencias o ideologías que separan a las distintas comunidades que habitan un determinado territorio. Adquieren distintos grados de profundidad en tanto se basan en un vínculo más arraigado en los cimientos.

Ante este panorama, es válido preguntarse: ¿es correcta la correlación vínculo-relación, en ese orden? ¿O es a partir de una relación que se va generando un vínculo entre las personas? Curioso es el caso del ámbito jurídico, en donde vínculo y relación están en un mismo nivel en términos interpretativos –relación laboral y vínculo laboral tiene, en este ámbito, el mismo valor-.

Independiente de la opción, queda en el aire la poderosa idea que el vínculo es efectivamente un componente más profundo en términos emocionales, en el aspecto constitutivo del ser humano. Muchas veces hemos escuchado que es más doloroso romper un vínculo que una relación, que las relaciones son más fáciles de armar y desarmar, de transformar o eliminar, pero que el vínculo tiene un valor que va mucho más allá. En el caso de esta madre con su niña, el camino más fácil sería afirmar que la correlación vínculo-relación es la correcta, que el vínculo sanguíneo ha condicionado su relación progenitora-hija y que desde ahí ambas han establecido los códigos, las reglas y el lenguaje que moldean su relación actual –y que condicionará la futura-. Pero, ¿y si fue al revés? ¿Tiene el mismo valor?

Es válido pensar que los vínculos también se pueden construir a partir del nacimiento y desarrollo de una relación, y que desde ahí es posible articular a pequeños grupos o grandes comunidades para trabajar por alcanzar determinados objetivos. Este ejercicio –vale la pena esta aclaración- amerita tiempo, constancia, dedicación, conciencia y presencia, para que la relación dé paso al nacimiento de un vínculo fuerte y poderoso, que sea capaz de aglutinar a dos o más personas, a un profesor con su alumno, a un par de amigos activistas preocupados por el medioambiente, a un grupo que persigue un ideal político o, como en este caso, a una madre con su hija.

El viaje terminó cuando las puertas se abrieron en la estación final. Un par de segundos antes, la niña bebió el último sorbo de su jugo. Su mamá, en tanto, buscó en su cartera un pequeño espejo con el cual corrigió la pintura de sus ojos, la que inevitablemente, y producto de las risas permanentes que acompañaron su traslado, se había corrido un poco. Cuando la grabación que guía a los pasajeros dentro del tren se escuchó por los parlantes, ambas se pusieron de pie, se tomaron de la mano, salieron y caminaron con destino hacia la salida, no sin antes decirse un nuevo secreto al oído, que terminó en carcajadas que se escucharon a lo largo de todo el andén.
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