lunes, 18 de julio de 2011

Nos mudamos a Sitiocero.net



Estimada comunidad del Blog:
Agradecemos el tiempo compartido, sus visitas y comentarios nos incentivaron a mejorar, creamos una plataforma Multiblog con más redactores y más perspectivas que enriquecen nuestras conversaciones. Desde el 19 de Abril de 2011 nos mudamos a www.sitiocero.net

Los invitamos a continuar nuestras conversaciones  a conocer el nuevo sitio. Habilitamos un espacio llamado “participa en la comunidad” para que nos envíen sus textos, fotografías y videos y ser parte de nuestra comunidad.

En Sitiocero encontrarán conversaciones sobre y desde la comunicación, los esperamos!

domingo, 27 de marzo de 2011

No + sangre… mediatizada

Por Gabriela Warkentin en twitter:@warkentin

“Lo verán en el Blog del Narco; tiene más tráfico que muchos sitios informativos.” Contundente, cínico tal vez. Reacción de un estudiante cuando revisamos el Acuerdo para la Cobertura Informativa de la Violencia que signaron centenares de medios en días pasados. No debería ser tan difícil, pensé, entender la diferencia entre el periodismo profesional y un blog que recoge notasangrefotosangrevideosangreaudiosangre… que vienen de quién sabe dónde y van a toda parte. Pero estaba claro que la comparación nivelaba a la baja al periodismo profesional. Si la alternativa es el Blog del Narco, bueno: rest my case.

Quienes gritan ¡censura!, ¡alineación perversa con los oscuros intereses fácticos!, y otras linduras, temo que padezcan de brújula extraviada. Lo mismo que quienes aplauden como focas porque “ahora sí vamos juntos a partirle su esquema a los más malos ”. Yo entiendo la ecuación desde una dimensión más simple: rebasado el periodismo por la contundencia de la violencia, se toman las decisiones mínimas para una cobertura más segura y menos estridente. Y para ello hubo necesidad de recurrir a los principios básicos del ejercicio informativo. Nada más. Ni veo conspiraciones malditas, ni reconozco heroísmos redivivos. Aplaquemos las ansias, y desmenucemos las entrañas.


Tiempo ha que desde la academia, organizaciones civiles, activistas, se había insistido en la necesidad de contar con acuerdos entre los medios de comunicación mexicanos para una mejor y más segura cobertura de la violencia. Y el trabajo ha sido arduo, porque las resistencias han estado a la altura de los egos implicados. Acuerdo se entendía como contrario a la natural competencia entre empresas informativas; acuerdo se leía como un lento abdicar de la libertad de expresión conquistada a golpe de sílabas y encuadres. Y la sospecha eterna: ¿quién convoca?, ¿por qué? Pero la realidad se fue imponiendo: periodistas asesinados, secuestrados, amenazados; medios acosados, arrinconados; y una audiencia cada vez más fatigada. Porque la sangre, aunque vende, también espanta.

Bien por reconocer lo que no se ha hecho. Los medios informativos han fallado en proporcionar contexto a la violencia; en identificar desde la condena a quienes perpetran los crímenes; en ser solidarios con las audiencias; en invertir en mejores cuadros para asegurar mejores historias que permitan pensar en mejores escenarios. Por eso el Acuerdo debe leerse también como un reconocimiento de culpas. Bien hasta ahí. Y suscribo los puntos de ese decálogo que se presentó en días pasados.

Debemos reconocer que en la forma en que nos narramos, está la forma en que nos construimos. Mostrar el cuerpo destazado, insistir en la víscera derramada, revisar los mensajes del criminal… todo esto debe servir cuando exhibe el abuso del poder. Desde la revancha, lo que se dice sólo es pornografía informativa. Kim Phuc, la niña vietnamita que en la lente de Nic Ut dio el giro a esa guerra, es la imagen emblemática del horror que sí se debe mostrar porque en el contexto inscrito se manifiesta como el contrapeso anhelado. Lo demás, dejémonos de retóricas enrevesadas, es sólo exhibicionismo. 

Muchas críticas al Acuerdo signado: su presentación espectacular casi secuestrada por la pantalla de la televisión; su enunciación abstracta; su centralismo; sus tintes de censura. Mucho reconocimiento también: el reclamo a las autoridades en su irregular administración de la justicia, la ausencia del Estado en su obligación más elemental. Por todo esto, y más, bienvenido el Acuerdo para la Cobertura Informativa de la Violencia. Toca la chamba ahora a las audiencias, a la sociedad civil, en su poder de exigir que lo que se dijo, se cumpla. Toca ejercer la fuerza ciudadana: que los medios están ahí como contrapeso del poder, no como alternativa al mismo.

Podemos gritar censura o aplaudir a rabiar. Pero, neta, no nos confundamos: cuando logremos que la población entienda la diferencia entre el Blog del Narco y el periodismo profesional, nadie necesitará de Acuerdo alguno.

Gabiela Warkentin es académica de la U. Iberoamericana de México
Columna publicada en El Universal 

jueves, 24 de marzo de 2011

La Televisión también sirve para escuchar



Por Mauricio Tolosa Twitter: @mautolosa

Pasan los días y se mantiene el impacto de aquella hora del domingo, en que James Hamilton contó su historia en Tolerancia Cero. Ese día se rompió un velo, surgió una nueva comprensión de situaciones de abuso a las que han sido sometidos muchos cristianos creyentes por pastores que manipularon la confianza incondicional que surge en el marco de la fe.

Fue una situación anómala para la televisión: los panelistas -y miles de televidentes a través de ellos-, escucharon. Esa hora de escucha atenta conmovió y  cuestionó los cimientos de una de las instituciones hasta hace poco más intocables de Occidente. Esa hora de escucha, más allá de las diferentes opiniones de las personas, nos hizo comprender y solidarizarnos con el sufrimiento de un hombre abusado.

Cuando escuchamos a alguien, con atención, con respeto, con empatía nos pasan cosas, cambia nuestro mundo. Para comprender al otro, estamos obligados a abandonar nuestras certezas, a arriesgarnos a salir de nuestros propios límites: así logramos comunicarnos con el otro, estar en común-unión con el otro. Escuchar devuelve el poder a las palabras, destaca las conexiones y uniones y nos abre posibilidades.

Los formatos de los programas de televisión no están hechos para dar voz, para entregar la palabra a los “invitados” o entrevistados. Los entrevistados van a validar el flujo de lucimiento de el o los dueños del espacio. Paradojalmente, a propósito de Hamilton, Tolerancia Cero, es uno de los mejores ejemplos del invitado como festín de los panelistas. No merece comentario el modelo de destrucción de la conversación de los programas de farándula, donde abundan la descalificación, la ofensa, la agresión gratuita, el “exterminio” del “contrincante”.

La televisión chilena no está hecha para escuchar y generar preguntas, sino para transmitir y ratificar el estado de cosas. Imagínense lo peligrosa y transgresora que sería la televisión si hubiésemos visto testimonios, similares a los de Hamilton, de un hombre que tuvo que dejar morir a su esposa porque no se le pudo practicar el aborto terapéutico, o un emprendedor que fracasó y que comienza a perder lentamente sus bienes y su familia, o de un profesor que se siente asustado en la sala de clases por las amenazas de los alumnos. Imagínese que empezáramos a conversar y a escucharnos.

lunes, 21 de marzo de 2011

El valor de la verdad



Por Ricardo Higuera Mellado / Twitter: @ric_higuera
Cuesta creer que alguien que haya visto Tolerancia Cero anoche, no quede indiferente frente al peso de las declaraciones que hizo James Hamilton, uno de los afectados/querellantes en el caso Karadima.
Hubo convicción, apropiación de los hechos, de las observaciones, de los episodios que él, junto a un grupo de alumnos, tuvo que vivir hace años atrás. Y el peso de las palabras de Hamilton fue tal –y tan difícil de cuestionar, por lo demás-, que incluso los propios panelistas del programa no hicieron más que dar paso a la fluidez de un relato que, a cada minuto, dejaba más paralizado al programa y a los televidentes.
Incluso con el patente intento de acallarlo que hizo Eichholz –“Estoy corroborando, simplemente, que te des cuenta que estamos en televisión”, le dijo luego que Hamilton le preguntara si él tenía hijos en colegios católicos-. O incluso con la cara de incredulidad de Villegas cuando supo de los “recados” que le enviaban los propios sacerdotes, a Hamilton, a través de los compañeros de su hijo, no hay cómo dejar pasar la revelación de una verdad que estuvo escondida durante mucho tiempo. Una verdad que hoy emerge, con dolor, en la vida de los afectados y de quienes fuimos criados bajo preceptos católicos.
Es un tema complejo el de los abusos a menores por parte de representantes de la Iglesia Católica. Difícil, porque se pone en el centro del problema a una institución de peso, tradición e influencia en el país. Pero es más doloroso, en tanto involucra a personas que no tienen armas como para defenderse –o que no saben cómo utilizarlas-, que en tantas otras no son capaces de discernir entre el bien o el mal, sobre todo frente a una persona que encarna los valores de una institución de tanto poder como la propia Iglesia.

Por suerte existen hombres valientes, como Hamilton, que son capaces de luchar, de hablar sin odio –incluso con una pena que él mismo reconoce-, con el sólo objetivo de quitar el velo que existe sobre personas que actúan en contra de lo que declaran, en contra de lo que profesan –el amor al prójimo, el respeto por la vida-. Me quedo con la mejor de sus declaraciones: “La verdad no se actúa. Es. Y no se enjuicia. Es."

sábado, 12 de marzo de 2011

Chile, Japón, y sus terremotos: un Océano de diferencia


Por Ricardo Maldonado O. Twitter: @rickmao


Ya ha pasado un año desde nuestra catástrofe, la cual hasta el día de hoy, se mantuvo en el quinto puesto de magnitud y destrucción. Hasta que vino Japón, con celos enfermizos, desplazándonos al sexto. ¿Han visto las imágenes? Devastador, sin duda, pero no tanto para ellos (los japoneses) como si para nosotros, los chilenos. Estoy hablando de una devastación simbólica, social y psicológica.

Es cierto. Según estadísticas que oí en la tele este día 11 de marzo, Japón tiene el horrible récord de poseer cerca del 20% del total de terremotos anuales mundiales. Otro dato que oí, es que desde 1995, que Japón no tenía un terremoto tan devastador. Ah, por cierto: en 140 años, este ha sido el peor de todos.

Un historial horrible, que sin duda ha contribuido a modelar cultural, social, política y económicamente a la isla de extremo oriente. Un historial que ha permitido que el factor miedo haya sido domesticado a tal punto, que podemos ver fotografías como estas, a minutos de terminado el mega terremoto:


http://www.aeromental.com/2011/03/11/foto-y-video-de-tokyo-disneyland-tras-el-tsunami/

Compare con la siguiente:



Si! Adivinó! Este es Chilito....

Hoy, tras un año del terremoto de febrero de 2010, a los chilenos nos domina el miedo. Un miedo incontrolable, que ante la más mínima agitación, ya estamos con el corazón en la mano. Chile es un país sísmico. No en la magnitud japonesa, es cierto, pero he conocido personas que ya han vivido 2 y hasta 3 terremotos de los más fuertes vividos en Chile ('39, 60', 2010). Y los anales recogen ese historial. Sin embargo, a pesar de ese historial, nuestras instituciones y autoridades caminan al filo de la ineptitud y la estupidez. Todas las medidas que se tomaron 'de manera preventiva', se valoran y agradecen. Pero más me parece a mi que constituyen un espectáculo mediático con el que el gobierno actual pretende diferenciarse del anterior (hoy en la mañana escuché por la radio a un político alabando la reacción del gobierno ante la emergencia, comparando esas reacciones con la del gobierno anterior, con una diferencia 'como del cielo a la tierra', como si el nivel de la emergencia no haya sido también de una diferencia abismal). Con esta diferenciación, sólo se pretende un impacto en las encuestas. Porque los verdaderos cambios culturales no se ven ni decantan en una sociedad tras un año (a menos que haya coerción externa) de una catástrofe, sino que logran consolidarse tras años de situaciones, experiencia, madurez y decisiones. El camino es largo. No sólo debemos aprender a lidiar con los movimientos telúricos y con el miedo inherente a estos, sino también aprender a comportarnos, no como japoneses, sino como ciudadanos responsables y maduros. No sólo debemos saber qué hacer y hacia donde correr. Debemos comenzar a tomar decisiones políticas con respecto a la tecnología y a la investigación que Chile debe realizar por sí mismo, evitando seguir en la misma rutina copiadora de todo. En Japón, el internet y la electricidad siguieron funcionando. La telefonía cayó unos momentos, no semanas como acá. La prevención (es decir, edificios anti-sísmicos, arquitectura e ingeniería de mitigación de impacto, sismógrafos, conexión sismógrafos-ciudadanía, etc.) funciona, porque años de malas experiencias condujo a un importante cambio cultural en ellos.

Es por ello, que un enorme océano nos separa a japoneses y chilenos.

martes, 8 de marzo de 2011

Dia de la mujer: mucho que celebrar, mucho más que mejorar



Excelente comercial de ONG Equals en la BBC, para plantear preguntas y desarrollar consciencia con empatía en un día con mucho que celebrar y mucho más que mejorar y transformar.

Feliz día y agradecimiento para todas las mujeres que nos inspiran y motivan a construir un mundo mejor, con más respeto y fraternidad, especialmente a aquellas que trabajan y luchan por la la libertad y la igualdad de la mitad de la humanidad.
Un mejor día y solidaridad para todas las mujeres que sufren esclavitud, mutilaciones, degradación y discriminación de manera invisible.
Siempre en la memoria las mujeres víctimas del genocidio/femicidio silencioso de Ciudad Juarez, que avergüenza al mundo todos los días.
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